jueves, 1 de julio de 2010

Reseña de libro La Philosophie de Guy Solenn.



Mauricio Karim Flamenco Bacilio.

Palabra de Clío A.C.

Reseña de libro La Philosophie de Guy Solenn.

La Historia de la Filosofía puede ser para muchos el primer vínculo para avocarse a los estudios, tanto de la Historia como de la filosofía. El acercamiento a estas y otras disciplinas científicas y humanísticas, tiene muchas veces su origen a partir de los textos escolares o de divulgación, los cuales pueden llamar la atención al lector para luego encaminarse a estudios más profundos. Mención aparte merece el acercamiento a obras de divulgación escritas en otros idiomas para facilitar su aprendizaje, pues la relación entre el estudio de las humanidades y el aprendizaje de lenguas extranjeras es vista muchas veces como una sugerencia. De este modo nos encontramos con un libro de bolsillo escrito en francés, cuyo contenido describe algunos de los aspectos más importantes en la historia de la filosofía occidental, desde los antiguos griegos hasta el siglo XX.

La obra presentada aquí fue escrita por Guy Solenn y se llama La Philosophie. Petit dico des grands philosophes et des courants de pensée [La Filosofía. Pequeño diccionario de los grandes filósofos y de las corrientes de pensamiento]. El contenido del texto es muy similar a los temas del plan de estudios en el curso de Historia de las Doctrinas Filosóficas, el cual se imparte de manera obligatoria en el área de humanidades de la Escuela Nacional Preparatoria y sus planteles incorporados. El texto inicia con la descripción de los primeros filósofos griegos, quienes se propusieron hacer a un lado los mitos para comenzar a razonar a partir del siglo V antes de nuestra era.[1] Tenemos así los datos esenciales de las obras de los filósofos, comenzando por los llamados presocráticos y sus ideas sobre el origen del universo (Tales de Mileto, Anaxímenes, Heráclito, Anaximandro, Pitágoras y los Sofistas). Luego nos adentramos en la filosofía moral y la mayéutica iniciada por Sócrates, quien además de influenciar en la obra de Platón y Aristóteles, se le considera también un precursor de las corrientes de perfección moral como el epicureismo, estoicismo, cinismo y escepticismo.[2]

Después de la Filosofía antigua, se dedica un espacio más breve para hablar del pensamiento abstracto en el periodo medieval. Aquí destacan las figuras de San Agustín de Hipona, San Anselmo y Santo Tomás de Aquino. En este apartado también se destaca la aportación de la cultura árabe a la filosofía con Averroes, quien preservó las ideas aristotélicas en la península Ibérica durante el siglo XII.[3] El capítulo finaliza con la filosofía renacentista y la teoría política de gente como Erasmo de Rótterdam, Nicolás Maquiavelo, Francois Rabelais, Giordano Bruno y Thomas Moro. De este último se destaca su obra Utopía como una herencia de la República de Platón.[4]

Posteriormente se describe la obra de filósofos modernos como Spinoza, Descartes o Hobbes. Luego se pasa al siglo XVIII y al movimiento de la Ilustración, cuya denominación varió según la región europea: Les lumières en Francia y luego “Enlightenment en Inglaterra, Aufklärung en Alemania, Ilustración en España o Illuminismo en Italia”.[5] El capitulo de la Ilustración termina con una descripción de la obra de Emmanuel Kant y sus teorías sobre la razón.[6] Los últimos dos capítulos tratan del siglo XIX y XX. En el primero se expone sobre Hegel, Kirkegaard, Comte, Marx, Nietzche, entre otros; mientras el segundo comienza con alguien cuya aportación a la filosofía no es tan valorada como en psicología: Sigmund Freud. El último capítulo continúa con Henri Bergson, Martin Heidegger y breves referencias a Albert Camus, Simone de Beauvoir, Jean Paul Sartre, Hannah Arendt o Paul Ricoeur. Otro punto a destacar del libro es la inclusión de referencias bibliográficas al final de cada capítulo. Dichas referencias son, principalmente, la obras más destacadas de los pensadores descritos en cada capítulo. De esta manera, el lector puede comenzar a buscar las obras más importantes en la Historia de la Filosofía y profundizar en sus estudios.

A la par de los datos sobre la vida y obra de cada filósofo, existen recuadros en gris donde se anotan algunos detalles curiosos en torno a alguna doctrina filosófica o su precursor. Entre dichas anécdotas, está el hecho de haber querido llevar a la práctica (y de manera infructuosa), los ideales de la República de Platón en la isla de Sicilia.[7] También en estos recuadros se menciona a Leibnitz como el precursor del lenguaje informático, además de la condena pública a Rousseau por abandonar a sus hijos o la relación entre Martin Heidegger y el nazismo.[8] Quizá la inclusión de este tipo de detalles vividos por los filósofos a lo largo del texto puede atraer aún más la atención del lector. Por último el texto es de lectura ligera y fácil de comprender, pues sólo cuenta con 142 páginas en una edición de bolsillo y además es complementada con imágenes, principalmente retratos de los filósofos. Como resultado, este título se vuelve sumamente recomendable para el alumno de bachillerato con conocimientos del idioma francés, y también es una sugerencia notable para los estudiantes de humanidades con interés de comenzar a leer un texto en la lengua de Montesquieu, Rousseau, Voltaire o Sartre… y así relacionarlo con su área de estudios.Ficha bibliográfica:

Solenn Guy. La Philosophie. Petit dico des grands philosophes et des courants de pensée. [s/l] City Editions, 2009. 142 p. ils. (mini poche).



[1] Solenn Guy. La Philosophie. Petit dico des grands philosophes et des courants de pensée. [s/l] City Editions, 2009. 142 p. ils. (mini poche). p. 5-6.

[2] p. 24, 42, 51.

[3] p. 60.

[4] p. 66.

[5] P. 90.

[6] P. 97-104.

[7] p. 35.

[8] p. 83, 96, 137.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Fragmentos de la bitácora de mi estancia académica en Centroamérica


Rafael Flores

…de pronto es un poco difícil comunicarme desde ciudad de Guatemala, pues igual que todas las ciudades de América Latina (¿y del mundo?) es algo insegura. En la casa donde estoy viviendo hay gente de todas partes de Guatemala, y en verdad que a ellos les asusta andar por las calles una vez que baja el sol. A mí no me parece que esté tan mal el asunto, tal vez porque uno ya se ha acostumbrado los barrios de la ciudad de México, pero mejor al salir del Archivo me voy directito a la casa, porque finalmente como extranjero uno no sabe bien cómo están las cosas. Eso me ha hecho pensar, qué pasa con nosotros en México, si acaso de veras que allá la situación no es tan difícil o tal vez nos hemos resignado a tolerar el peso del temor diario …

… La posibilidad de dejar por unos días el estrés de la inseguridad en ciudad de Guatemala (porque el Archivo estaba cerrado) fue lo que me decidió a salir de la capital e ir a Esquipulas, a ver la fiesta del Cristo Negro que es la imagen más venerada de toda Centroamérica. El día 14 de enero muchísima gente se dirigía para allá. Los peregrinos que llegan desde varios estados de México, de toda Guatemala, de Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica ya estaban bien instalados en los hoteles de alrededor, mientras todos los indígenas acampan en el atrio y patios de la catedral, al mismo tiempo que los tojolabales procedentes de Chiapas ocupan un parque frente a la iglesia de Santiago… toda una fiesta multicultural …

… uno se maravilla de todo lo que pasa ahí, enmarcado en el maravilloso paisaje de un pueblo solitario entre montañas nebulosas: las mujeres quichés preparando la comida para su familia en improvisados fogones formados juntos a sus campamentos, las garífunas de Puerto Barrios tejiendo trencitas a los visitantes, los mexicanos presumidos que cobijados bajo la música de “Cielito Lindo” llegan con prepotencia arrollando a todos a su paso acompañados por sus mariachis guatemaltecos, los penitentes hondureños que llegan a plantar sus velas y peticiones a los pies del Cristo Negro, la infinita fila de quienes quieren ver de cerca al señor de su devoción, las marimbas cakchiqueles que tocan y alegran la noche, los caminos formados por personas y sus recuerdos de Esquipulas, fueren dulces o imágenes del Cristo, esperando la bendición de los religiosos, los tacos estilo México hechos con tortillas cuatro veces más gruesas que las nuestras, y los músicos que a las tres de la mañana llegan a darle las gracias a la imagen con las notas de esa hermosísima canción que dice “… mi luna plateada de Xelahuh…”.


Pero con estos mares de gente es imposible, sobre todo para un necio como yo que desestimó los consejos de los vecinos, conseguir ese día hospedaje. Así que hice mi velación individual, que no solitaria, con todos aquellos que plantan sus velas y oraciones a un costado de la catedral. A eso de las 2:00 entré a dormirme junto al sagrario del templo, pero como a las 5:00 de la mañana era enorme la cantidad de peregrinos que entraba a misa, me corrieron así que tuve que irme a dormir afuera de la iglesia. Ya que el frío hacía imposible que pudiera conciliar el sueño, somnoliento caminé hacia un mirador, esperando tener una vista privilegiada del pueblo cuando el sol se asomara por entre las montañas.

A eso de las 7:00 de la mañana saque el mapa que me acompaña en este viaje y miré la cercanía de la frontera con Honduras. Preguntando me dijeron que la mítica zona arqueológica maya de Copán estaba a poco tiempo de ahí, pero por otro paso fronterizo. La verdad es que no quise hacer cálculos ni pensar en nada. Tenía mi mochila, pasaporte y la posibilidad de irme hacía donde antes jamás había tenido la oportunidad de ir. Y me fuí. Así nada más. Sin desayunar, ni volver la vista ni nada. Tomé un busito que llevaba hacia Chiquimula, es decir, como si regresara a ciudad de Guatemala, pero ahora me bajé en una desviación de nombre Vado Hondo, de ahí tomé una Litegua que en menos de una hora me llevó al Florido, una frontera tranquilísima –y donde me encontré a los únicos agentes aduanales amables de mi viaje– en donde hasta los cambiadores de dinero inspiran confianza. De ahí tomé otro busito que me llevaría al pueblo de Copán Ruinas, ubicado a sólo 10 kilómetros de la frontera. Y tan de pronto estaba ahí. A la puerta de la zona arqueológica maya más oriental que se conoce …


… Habría mucho que decir de Copán. Tal vez escribir sobre su majestosa arquitectura en perfecta armonía con el medio, sus infinitos textos inmortalizados en piedra, sus esculturas en alto relieve donde quedaron estampadas su religión, señores, artistas, disputas con otras ciudades estados, su compleja astronomía-astrología (en el mejor sentido de la palabra)… serían demasiadas las páginas que podrían llenarse.

Y miren que para escritura está la monumental escalera jeroglífica, llena con miles de cartuchos de la compleja literatura maya, dando cuenta, además, de una historia forjada a lo largo de los siglos. Cuando uno la mira de verás que da gusto. El rostro de transfigura en una mueca de alegría. Ahí es donde te das cuenta, donde por fin se hace presente y tangible, el hecho de estar en Copán.

El Altar Q es otra de las maravillas. El señor de Copan K’inich Yax K’uk’ Mo’ lo mandó esculpir de manera que aparecieran en él los 15 señores que le precedieron en el gobierno. Uno tras otro, sentados sobre su nombre y transmitiendo el linaje a su sucesor. Esta larga cadena comienza y termina con el paso del cetro de mando de la mano del fundador de la estirpe, a la mano del último señor copaneca. A espaldas del Altar Q se encuentra un templo donde los arqueólogos descubrieron los esqueletos de quince jaguares. Cada uno sacrificado de manera que su sangre representara la presencia de los antepasados, mirando ahí la entronización de K’inich Yax K’uk’ Mo’ …

… Cosa rara, por lo general en las zonas arqueológicas uno siempre se encuentra gente de todo el mundo que viajas hasta Mesoamérica con la intención de conocer los sitios antiguos. Copán era una excepción. Ahí todos eran gringos. No es que tenga algo contra el pueblo estadounidense, pero me parecía muy significativo que precisamente sólo hubiese turistas del país que promovió el derrocamiento del expresidente Manuel Zelaya. Era casi como si fuesen a supervisar cómo funcionaba su golpe de estado.

A la salida de la zona arqueológica, esperaba una moto-taxi que me llevara al pueblo. Mientras tuve la posibilidad de escuchar la plática de un grupo de trabajadores agrícolas catrachos. Un soldado, con un arma casi de su propia estatura, estaba ahí. Entonces la charla versaba sobre mujeres. Pero en cuanto se fue, el tema cambió a las dificultades del campo. Tal vez los trabajadores pensaran que no entendía español, o sólo no les importó, pero todos coincidían en señalar las injusticias del salario que recibían por un trabajo fortísimo y que, inevitablemente, al finalizar la semana ya no existía. Llegó el taxi….

… El pueblo de Copán Ruinas es lindo. Supongo que la presencia de militares hacía sentirse a los gringos más seguros. Me parecía que era como una gran farsa. Todo un escenario creado para beneplácito de los viajeros internacionales, que ocultaba la verdadera situación del país. Los extranjeros andaban por todos lados con su cerveza en la mano (nunca vi a algún nacional bebiendo) ruidosos por las calles, como si sus dólares les dieran la posibilidad de festejar donde no habría nada de que alegrarse. Solitario me fui al hotel (que me cobraron por supuesto en dólares).

Ahí estaba un grupo de católicos de Tegucigalpa, la capital. Bien a bien no entendí por que se encontraban en ese lugar. Pero me sorprendió que estuvieran profundamente involucrados en la situación política. Todos eran zelayistas. Me narraron las dificultades que habían pasado en los últimos meses después del golpe de estado de Micheletti, de la violación sistemática de los derechos humanos que sufrieron a manos de la policía y el ejército. De la burla que era la información que presentaban en la televisión. Me enteré de cuál había sido el meollo del asunto: en Honduras el salario mínimo lo negocian los trabajadores y patrones. Si no llegan a un acuerdo de a cuánto ascenderá el mismo, entonces el presidente tiene la facultad de designarlo. Y como fue el caso del año pasado, Zelaya decidió aumentar el salario de trescientas y tantas lempiras a más de quinientas. Eso provocó la furia de la oligarquía local.


Entonces vinieron las cantaletas que los mexicanos conocemos bien: que Zelaya era un populista, que era un peligro para la nación, que estaba asociado con Hugo Chávez, que era un comunista que iba a llevar a la ruina a Honduras y un largo etcétera. Y cómo la Corte, los legisladores y el ejército han defendido históricamente sus propios intereses, decidieron ejecutar el golpe, todos ellos con el visto bueno del premio nobel de la paz que promueve la guerra (nada más hay que preguntarles a los iraquíes, afganos, iraníes y sudamericanos cómo les va con Obama y Clinton). Por cierto, en cuanto entregue el poder Micheletti asumirá el cargo de diputado vitalicio, lo cual recuerda a asesinos como Augusto Pinochet…

… Mencione hace un rato que aquellos con quienes platiqué en el hotel eran católicos. Sí, aquí la situación de la religión está muy, muy compleja. Un sector importante de la población es evangélica. Y uno pensará que muy su problema, ¿no? Pues no, porque precisamente las iglesias han sido un factor de división importante entre la población en Centroamérica (incluyendo el sureste mexicano). Además los evangélicos, si bien ayudan a sus feligreses, se han convertido en fuertes promotores del conservadurismo, el individualismo y la intolerancia, no sólo religiosa, sino de cualquier tipo de diversidad. Por supuesto los católicos no se quedan atrás. La iglesia, siempre coludida con los poderosos, en sus sermones predica la humildad, la pobreza y el conformismo. Claro, para los pobres, porque a los ricos sepa su dios que les predicará. Pero hay sectores que en primer lugar se reindivican como católicos, pero también de izquierda. Acá en Guatemala, según me cuentan, ahora el 45% de la población es evangélica. Sobre todo donde la guerra civil de la segunda mitad del siglo XX afecto más …

… Ciudad de Guatemala es tan diferente al occidente, predominantemente indígena. De hecho, no les agrada mucho la gente de Quetzaltenango, la segunda ciudad más importante de Guatemala, pues los definen como defensores radicales de su identidad. Yo estaría más de acuerdo con los quetzaltecas que con los capitalinos. Si por siglos han logrado mantener su identidad cultural, aún a pesar de los graves costos que ello les ha significado, no veo porque deberían sentirse parte de un estado que por siglos les ha marginado y discriminado. Al occidente, la población india se ha estado organizando, y plantean una nueva posibilidad de autogobernarnos y desenvolvernos como sociedad pero tolerando toda la diversidad que existe y además en equilibrio con la naturaleza… mientras, a lidiar con una oligarquía que se remonta a los días de la primera colonia española, de la cual hay, por ejemplo, representantes de la rancia descendencia de Bernal Díaz del Castillo …

… Y así, platicando con la mara (como cariñosamente se autonombran entre los sectores populares; en México así nos referimos a “la banda”) y viendo la situación de Guatemala, más que reflexionar desde la perspectiva de un antropólogo que se ocupa de las asuntos folclóricos, ver lo que sucede aquí me hace cuestionar la manera como vivimos en México. En países que históricamente han tenido más problemas que los nuestros –o que los ha sufrido recientemente como Honduras– no se ven en un estado de sitio como en México, con la triste resignación por una parte importante de la sociedad que sólo se siente segura con una autoridad armada a su lado. Vaya, si en toda Centroamérica nos reprochan a los mexicanos por la hipocresía de ir presumiendo un estado democrático, cuando nuestro gobierno es el más ilegítimo de todos …


… Pero no piensen mal. No sólo vine en calidad de narrador de las diarias odiseas de la América Central. Pero o qué les cuento de mi trabajo en el archivo. He hecho aquí una vida monótona. Me levanto en cuanto la luz que entra a mi cuarto hace imposible seguir durmiendo, eso es como a las 6:30. Me baño y escribo un rato mientras desayuno. Voy al Archivo –para trasportarme tengo la suerte, porque soy fan consumado, de que aquí hay un metrobús llamado Transmetro– y veo el fichero cerca de tres horas, el cual dicen tiene más de un millón de tarjetas y que tanto huele a naftalina que provoca comezón en los lectores. Después invariablemente, porque nos corren, hay que ir a tomar el almuerzo a la una de la tarde, para regresar una hora después para seguir buscando por otras dos horas. Regreso a la casa y me pongo frente a la computadora hasta que me voy a dormir. Así estos días han sido rutinarios; tanto que hasta el otro días me encontré hablándome en voz alta a mí mismo…


… Me gusta esta vida de historiador, por muy aburrida que parezca. Aunque a veces el cansancio, no sólo físico, sino también mental se hace bastante pesado. Pero vieran la emoción al tener en tus manos papeles que fueron escritos hace muchas vidas, y encontrar que los tiempos tan disimiles que han existido, se hacen presentes en esos pedazos de historias que hace mucho que fueron. Y también reconstruir en tu mente fragmentos que poco a poco van conformando un gran relato …

viernes, 5 de marzo de 2010

Quaderns de l’Exili. Una revista polémica del exilio catalán en México (1943-1947)



En 1939, el ejército del general Francisco Franco derrotó definitivamente a la segunda República española, la consecuencia inmediata fue el exilio para todos aquellos que se vieron obligados a hacerlo.

El entonces presidente de México, el General Lázaro Cárdenas, simpatizaba con la causa republicana y abrió las puertas de nuestro país para recibir a todos los exiliados españoles que pidieran asilo, se cree, en números redondos que llegaron aproximadamente 20,000[1] de los cuales casi el 10% eran catalanes,[2]aunque pudieron haber sido un poco más.

El gran tema “el exilio republicano español está integrado por una infinidad de “exilios” que lo hacen muy complejo y diverso. Las revistas que se publicaron por esta comunidad son uno de los caminos que se pueden tomar para acercarse al tema y si se puede ser más específico, es decir, si se quiere acercar más a uno de estos “exilios” en particular, la revista catalana Quaderns de l’Exili nos puede revelar que tan complejo y diverso es lo que se conoce como exilio republicano español.

Las revistas fueron un instrumento muy importante de expresión para los exiliados en general y para los catalanes fueron el espacio que preservó su lengua y su cultura, proscritas por el régimen franquista en Catalunya. Se estima tan sólo en México que fueron alrededor de 84 publicaciones las que vieron la luz entre los años de 1939 a 1981, de las cuales se han contado 70 escritas completamente en catalán.

Quaderns de l’Exili, fue una de las revistas más importantes del exilio catalán, fue un proyecto que tuvo como antecedente la revista Full Català (1941-1942) y los editores en jefe fueron Joan Sales (1912-1983), Lluís Ferran de Pol (1911-1995), Raimon Galí (1917-2005) y Josep Ma. Ametlla (¿?- 1999). Su importancia y carácter polémico radican en los seis puntos que proponen en su manifiesto: 1. Es misión de nuestra época hacer la Unidad Nacional de los Catalanes, valencianos y Baleares. 2. Nuestra Nación ha de aspirar a la soberanía, pero no al aislamiento. 3. Toda libertad es ilusoria cuando no se cuenta con los medios para defenderla. 4. No hay auténtico Nacionalismo sin sentimiento de igualdad de todos los compatriotas. 5. La cultura ha de basarse en los caracteres nacionales y estar al servicio del Hombre. 6. El Desastre Nacional de 1939 marca el principio de una Época Nueva.[3]



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En la casa de Coyoacán. De izquierda a derecha algunos colaboradores de la revista, Raimon Galí, Lluís Ferran de Pol, su esposa Esyllt i Joan Sales.[4]


De la revista se publicaron 26 números, llegó a tener un tiraje de cuatro mil ejemplares para su último número, debido a que no sólo se distribuía en México sino también en otros países, incluyendo Catalunya. Se financió a través de patrocinadores catalanes con negocios establecidos en México y de donativos durante cuatro años. Era una revista gratuita, que tenía entre varios objetivos promover sus ideas y que éstas les llegaran a sus lectores. Cinco fueron en general los temas alrededor de los cuales giraron las discusiones en la publicación: La Renaixença catalana del siglo XIX, El catalanismo, Catalunya y la República, la guerra civil y el exilio.

Se pueden encontrar una nómina muy interesante de colaboradores, casi todos fueron hombres muy importantes tanto en la guerra civil, en el exilio como para la Catalunya de la posguerra, Enric F. Gual, Pere Calders, Avel.lí Artís Gener, Vicenç Riera Llorca, Abelard Tona i Nadalmai, Josep M. Miquel i Vergés, Ernest Guasp, Felip Melià, Francesc de S. Aguiló, Agustí Cabruja, Jordi Arquer, Jaume Antoni Aiguader, Albert Folch, Josep Pijoan, Vicenç Guarner y Enric Pérez Farràs.

Los colaboradores iniciales de la revista en general eran de ideología socialista / comunista, la tendencia fue cambiando a partir del número 12 de ésta hacia más conservadora. Este cambio ideológico sería una de las razones que confrontaría a los editores en jefe en la publicación de los últimos números.

Se puede hablar de tres razones por las que la revista terminó, la primera y quizás más importante el fin de la Segunda Guerra Mundial y el reconocimiento por parte de la ONU del gobierno de Francisco Franco, sucesos con los que Catalunya perdió todas las esperanzas de ser liberada del régimen franquista impuesto y de ser tomada en cuenta por los Aliados. Terminada la guerra los editores en jefe del Quaderns dejaron de encontrarle sentido al exilio y comenzaron a preparar el viaje de regreso para luchar desde el interior de Catalunya, aunque fuera en la clandestinidad. La segunda razón fue la separación física de los editores, Joan Sales y Raimon Galí se quedaron en Coyoacán, mientras que Josep Ma. Ametlla se regresaría a París y Ferran de Pol se iría a radicar a Cuernavaca. La tercera razón es la que ya se expuso anteriormente, el cambio ideológico de la revista que dividió las posiciones de los editores.

Lo interesante de esta publicación fue su trascendencia después del exilio, ya que de la mano de Raimon Galí y a través de su particular visión, los ideales de Quaderns de l’Exili serían centrales en el rearme ideológico de algunos grupos de jóvenes catalanes de los años 50’s.[5] Quaderns de l’Exili buscó ser un instrumento que promocionara el regreso a las armas de los catalanes, con el fin de participar en la segunda guerra mundial junto con los Aliados y contra el fascismo, para que al final de ésta Catalunya fuera tomada en cuenta en las negociaciones de la paz. Ciertamente la revista no logró este objetivo, pero sí logró algo que quizás no se había propuesto desde el principio y eso fue trascender al exilio y formar parte de los ideales de la lucha clandestina catalanista dentro del régimen franquista.

Concluyo compartiendo la siguiente reflexión sobre la importancia que tiene el estudio de este tipo de publicaciones y es que las revistas del exilio nos pueden ayudar a no olvidar, porque nos permiten, a través de sus voces, entrar a un momento de la historia en particular, abrir puertas, encontrar y atar “los hilos invisibles”. Te sitúan dentro del pensamiento de un grupo y te colocan en medio de sus polémicas, de tal forma que uno se hace testigo del exilio en el espacio que las revistas le prestan para estar, para reflexionar y para tratar de entenderlo, quizás ya no desde el gran todo que se llama exilio republicano que no nos permite ver las pequeñas historias, pero si a través de sus grupos y manifiestos. [6]



Autora: Núria Galí Flores

Marzo 2010


Nota: Para saber más sobre el tema se puede consultar las obras y /o artículos de los siguientes autores: Dolores Pla, Manuel Andujar, Francisco Caudet, Margarida Casacuberta, Josep -Vicent García i Raffi, Joan Sales, Ferran de Pol, Raimon Galí, Albert Manent, Teresa Ferríz, y la tesis de licenciatura de la autora de éste artículo.


[1] Dolores Pla Brugat, Els exiliats catalans. Un estudio de la emigración republicana española en México, México, INAH, Orfeó Català de Mèxic y Libros Umbral, 1999, p.157.

[2] Ibidem., p.127.

[3] Los seis puntos o el acto de fe del grupo de los Quaderns, están traducidos y presentados por la autora de la manera en la que eran publicados en cada número de la revista a lo largo de 26 publicaciones.

[4] Redacción de los Quaderns de l’Exili en Coyoacán, sin fecha, foto en blanco y negro, 8 x10 cm. Consultada en: Memòries, Barcelona, Proa, 2004.p. anexos.

[5] Margarida Casacuberta,Quaderns de l’Exili (Mèxic 1943-1947), una revista d’agitació nacional.Els Marges, Barcelona, num. 40, setembre 1989, p. 87.

[6] Ma. De Núria Galí Flores, Tesis de Lic., Quaderns de l’Exili una revista polémica del exilio catalán en México (1943-1947), México, UNAM, 2009.


martes, 16 de febrero de 2010

Presentación de los libros "La Independencia de México: las otras historias" y "La Revolución Mexicana: Otras voces, otros escenarios"



XXXI FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DEL PALACIO DE MINERÍA y Palabra de Clío, Asociación Civil de Historiadores Mexicanos

Tienen el agrado de invitarle a la presentación de los libros:

La Independencia de México: las otras historias
La Revolución Mexicana: Otras voces, otros escenarios

Presentan:

Ramón Córdoba
Estela Báez-Villaseñor
Lorena Llanes

Modera:

Rafael Luna

Viernes 19 de febrero a las 19:00 hrs. Auditorio Sotero Prieto del Palacio de Minería Tacuba 5, Centro Histórico, México, D.F.


Informes:

Claudia Espino: palabradeclio@hotmail.com

jueves, 26 de noviembre de 2009

LEGALMENTE DISCRIMINADOS.


La experiencia traumática que significó la pérdida de la mitad del territorio nacional después de la guerra de rapiña que los Estados Unidos hicieron a México en 1847-1848, motivó al estado mexicano a promover la inmigración para poblar los extensos territorios al norte del país, evitando de esta forma nuevos intentos expansionistas de nuestros vecinos del norte.

Inicialmente se pensó en trabajadores europeos de raza blanca y católicos, con cuya participación se esperaba hacer de México una nación moderna, al estilo norteamericano, inglés o francés. Al “coloso del norte”, a Argentina y el Uruguay, los inmigrantes europeos llegaban por miles para hacer prósperas y productivas unas tierras menos fértiles que las nuestras; con todo a pesar de los esfuerzos de nuestro gobierno, casi nadie acudió al llamado. Para algunos, esos inmigrantes bien podían ser los chinos.

Años más tarde (1874), tendría lugar el viaje de la Comisión Astronómica Mexicana al Japón y China, con la finalidad de sondear la opinión que tenían los gobiernos de esos países sobre la posible concertación de relaciones diplomáticas con México. Uno de los más entusiastas promotores de esta idea era Matías Romero, el cual publicó en 1875 un artículo en la Revista Universal intitulado “Inmigración china”, en el que proponía fomentar la inmigración de trabajadores asiáticos: “dada la facilidad del trabajo del chino, en razón de su baratura y fácil aclimatación”.

El gobierno del presidente Porfirio Díaz promovió la llegada de los chinos como “motores de sangre” por su capacidad productiva; y para formalizar su traída, empezaron a promover contactos durante 1875-1876, con el representante del gobierno chino en Washington. En 1894 se iniciaría una nueva ofensiva diplomática con similar propósito ante Cheng Tsao Ju, embajador del imperio chino en los Estados Unidos, nuevamente sin ningún resultado concreto. No sería hasta 1899, cuando Manuel de Azpiroz, representante del gobierno mexicano y por China, Wu Ting Fang, firmarían el Tratado Sinomexicano, cuyo principal objetivo era importar trabajadores de China para poblar y desarrollar económicamente las costas del norte de México.

En el marco de este tratado, llamado de Amistad, Comercio y Navegación, compañías marítimas chino-británicas de Hong Kong comenzaron la transportación de braceros chinos a México en forma creciente durante el período comprendido entre 1899 y 1910. De igual forma, no es difícil pensar que nuestro país se perfilaba como una alternativa para los chinos residentes en los Estados Unidos, a partir de la prohibición impuesta por ese país a la entrada de estos trabajadores.

De 1902 a 1921, año en que vencía el acuerdo, se calcula que llegaron a México 40,000 inmigrantes chinos, de los cuales casi el 80 por ciento se asentó en los estados costeros del Pacífico norte, estableciéndose una intensa relación económica entre las comunidades chinas establecidas a ambos lados de la frontera. Sin embargo los problemas de estos inmigrantes en nuestro país se iniciarían con la Revolución Mexicana de 1910, siendo particularmente agresiva en contra de ellos, por coincidir la inestabilidad social de México con la que derrumbó el poder imperial de la última dinastía en China en 1911.

La campaña antichinos en México se desarrolló con toda impunidad, al no contar estos inmigrados a nuestro país, con la protección que les brindaba el tratado de Amistad firmado por el gobierno de Porfirio Díaz y la decadente Dinastía Ch’ing. Baste como ejemplo la siguiente historia:


Los gérmenes xenófobos del movimiento antichino estallaron a la par de la Revolución Mexicana de 1910, pudiendo atribuir su origen a esa suerte de “conciencia mestiza” que revaloraba lo nacional a partir del rechazo a lo extranjero, pero también por la convocatoria de vastos sectores de población bajo la consigna de “México para los mexicanos”. La colonia china se convirtió en el “chivo expiatorio” a la cual se le podía agredir y robar, sin que se produjeran mayores conflictos en la convivencia social y en que muchas veces campeó la impunidad.

Gordon W. Allport, describe los pensamientos que desde tiempos antiguos, permiten desplazar los sentimientos de culpa y desventura de las espaldas de un hombre a las de otro, en donde pensamiento animista confunde lo que es mental con lo que es físico:

    Actualmente tendemos a rotular este proceso mental con el nombre de proyección. Vemos en otras personas el miedo, la ira, la codicia que residen primariamente en nosotros mismos. No somos nosotros los responsables de nuestras desventuras, sino otras personas. En nuestro lenguaje cotidiano reconocemos este defecto con las frases “el que recibe las bofetadas”, “echarle la culpa al vecino” o al “chivo [expiatorio] emisario”.

MESTIZAJE

La Revolución dio un fresco estimulo al proceso de construcción de la nación, el caos de la guerra civil había destrozado al Estado y reducido a México a un mosaico de facciones guerreras, era urgente crear una nación viable y coherente, que fuera algo más que una expresión geográfica. La idea no era nueva, la reforma de mediados del siglo XIX ha sido vista como un ensayo en la “construcción de la nación liberal”.

Los comandantes mestizos revolucionarios como Álvaro Obregón descubrieron en el indígena mexicano una gran capacidad, tanto para la insurgencia como para su movilización de apoyo y decidieron emplearlo para su proyecto de “forjar una patria”, en la que los valores, mitos e historia de las antiguas culturas de nuestros indios serían la base del nacionalismo.

El nuevo culto al mestizaje indigenista se adecuó cómodamente dentro del pensamiento revolucionario, creando un racismo a la inversa, atribuyendo una innata superioridad a los antes “inferiores” indios o mestizos. Manuel Gamio invocó estruendosamente la elevación de los indios, cuyas actitudes para el progreso, eran iguales a las de los blancos; por su parte José Vasconcelos, destacaría la contribución europea en la formación de la nueva “raza cósmica” latinoamericana, en donde el hibridismo:

    ... tiende a producir mejores tipos, puesto que conjuga distintas razas que poseen diferentes cualidades. El mexicano mestizo es un nuevo producto biológico, el feliz resultado del modelo colonial superior de España, que propició el mestizaje.8

Para algunos indigenistas, el corolario necesario para la rehabilitación de los indios era la radical y “sistemática” condena de los españoles, los odiados gachupines, pero el más claro ejemplo de xenofobia, indudablemente racista, fue la sinofobia. Durante y después de la Revolución, la población china de México fue sujeta a sostenida persecución que condujo a su expulsión masiva en 1931. No hay duda que el sentimiento contra los chinos, permitido y a menudo estimulado por las autoridades, tenía raíces populares.

Los chinos fueron estigmatizados como sucios, portadores de enfermedades, de parásitos y sexualmente amenazadores. Propagaban enfermedades, juego y drogadicción. Frente a esta “inundación de chinos” los mexicanos patriotas tenían que “sanear al país de ese grave peligro”, el cual corrompe al organismo de nuestra raza”.9

Es necesario destacar que además del evidente prejuicio racial, soterrado en esta campaña xenofóbica se encontraba el llamado “racismo competitivo”, el cual en términos de su racionalidad socioeconómica, difiere del racismo que había afligido históricamente a los indios de México.

Los chinos que llegaron originalmente al país, se convirtieron muy pronto en exitosos tenderos, comerciantes y hombres de negocios, especialmente en el floreciente noroeste de México. Establecieron una provechosa alianza con las grandes compañías mineras de Estados Unidos, como la Cananea, a la que proveían de muchos servicios y, por lo consiguiente afectaban a los competidores mexicanos.

También comerciaban con los pobres de las ciudades, lo cual los hacía vulnerables a los ataques populistas y populares, en especial cuando los tiempos eran más difíciles. Su grupo “racial”, fácilmente reconocible, comprometía con su exitosa competencia económica, a la pequeña burguesía mexicana, integrada en muchos casos por los nuevos líderes revolucionarios de los años veinte del siglo pasado. De modo que el nacionalismo que buscaba “forjar una nación”, integrando a los indios, también trataba de limpiar la nación expulsando a los chinos. La sinofobia fue el corolarios lógico del indigenismo revolucionario.

Ansiosos de elevar a los indios y modernizar a México incluso promoviendo la inmigración, fueron inflexibles acerca de que los chinos permanecieran en nuestro país:

    Los asiáticos no son convenientes, ni para mejorar nuestra raza, ni para incrementar y desarrollar nuestros recursos. Ellos nunca se asimilan, siguen siendo asiáticos, y son en efecto sanguijuelas chupando el dinero de nuestro país; de ahí que los chinos ya radicados en México deben ser sujetos a la más severa regulación sanitaria y dirigidos a barrios fuera de las ciudades, en donde puedan vivir.

Con Plutarco Elías Calles, el nacionalista por excelencia en la presidencia, la campaña antichinos fue promovida, hasta que se produjo su expulsión masiva en aras de la preservación del nuevo tipo racial que nos representaría, el mestizo mexicano.

DISCRIMINACIÓN

Una vez perfilado nuestro nacionalismo, las autoridades se ocuparon de los “otros”, los nacidos en otra patria, y sobre los “extranjeros”, al igual que en todas las sociedades modernas, se dirigieron juicios de valoración, duras leyes de extranjería y también en algunos casos, prácticas discriminatorias.

Ningún lugar del mundo está libre de desprecio a determinados grupos. Encadenados a nuestras respectivas culturas, somos, como se describe Charles Lamb: “Yo por mi parte, ligado como estoy a la tierra, confieso sentir las diferencias humanas, nacionales e individuales. En palabras llanas, soy un manojo de prejuicios (hecho de preferencias y aversiones), verdadero esclavo de simpatías, apatías y antipatías”.

El prejuicio, definido como “pensar mal de otras personas sin motivo suficiente”, incluye sentimientos de desprecio o desagrado, miedo o aversión, así como varias formas de conducta hostil que van desde simplemente hablar mal en contra de ciertas personas o practicar algún tipo de discriminación contra ellas, llegando hasta un extremo de atacarlas con violencia.

No obstante que todos podemos tener prejuicios de tipo racial o étnico, no necesariamente todos discriminamos a aquellos que se apartan de nuestras costumbres. Algunos podemos hablar mal de otros y hasta podemos evitar tener contacto con ellos, practicando el llamado “prejuicio educado”, pero en muchos casos, a lo largo del siglo XX, se pasó a la forma activa del ataque físico, incluso pretendiendo organizar el exterminio total, como el ejemplo judío.


Algunos extranjeros pueden ser discriminados por motivos de raza, en donde se incluyen los vínculos hereditarios, como el color de la piel y la forma de los ojos; otros más por razones étnicas, que consideran los aspectos sociales y culturales. En el caso de los chinos en México, el prejuicio racial y étnico favoreció su discriminación al nivel de la agresión física e intento de eliminación total mediante su expulsión del país, en un principio por medio de su repatriación a China, pero a falta de presupuesto, obligándolos a cruzar “a punta de pistola”, la frontera hacia los Estados Unidos.

No obstante que sólo el uno por ciento de los genes determinan la herencia vinculante de un individuo a su raza, la apariencia física es determinante en la formación de nuestros prejuicios sobre el carácter, capacidad mental o cualidades morales de aquellos a quienes juzgamos. Los niños con apariencia física “extranjera” no serán tratados de modo exactamente igual a un nativo del país adoptivo.

La determinación de un “carácter nacional” implica que a pesar de que los miembros de una nación puedan albergar diferencias étnicas, raciales, religiosas o individuales, existen ciertas pautas fundamentales de creencias y conductas que los asemejan, permitiendo la discriminación de aquellos que notoriamente discrepan de su grupo o clase social. Como ejemplo, los subgrupos de mexicanos autodenominados criollos, mestizos o ladinos, pueden ejercer un trato discriminado hacia nuestros indígenas.

El prejuicio se presenta siempre como un acto de defensa de un grupo dominante frente al grupo dominado, o como justificación para su explotación, tal fue el caso del sur de los Estados Unidos en donde se convirtió en verdadero instrumento bélico de la lucha entablada en el mercado de trabajo, argumentándose que los africanos y asiáticos tenían determinados defectos de inteligencia o conducta moral. De igual forma, cuando los primeros chinos llegaron a la costa del Pacífico, los norteamericanos alimentaron un prejuicio según el cual los orientales eran hipócritas, traidores y sádicos.

Otro ejemplo del uso del racismo como arma de dominio, lo podemos identificar en el concepto de “razas sometidas” promovido por Inglaterra en el siglo XIX para justificar su expansión colonialista. Los ingleses llegaron a la conclusión de que:

    Los orientales y los árabes son crédulos. “faltos de energía e iniciativa”, muy propensos a la “adulación servil”, a la intriga, a los ardides y a la crueldad hacia los animales [...] son unos mentirosos empedernidos, unos “letárgicos y desconfiados” y son todo lo opuesto a la claridad, a la rectitud y a la nobleza de la raza anglo-sajona.

Esta visión hegemónica que soportaba la estructura dominante de los europeos sobre sus colonias, perpetuaba la visión diferenciada entre lo familiar (Europa, Occidente, “nosotros”) y lo extraño (Oriente, el Este, “ellos”), con la finalidad de tener una relación de privilegio, en donde la cultura occidental que era más fuerte, podía penetrar, abarcar, dar forma y significado a una raza nacida para ser sometida. Este mismo principio fue aplicado durante la esclavitud africana a partir del siglo XVII, antes de esta fecha, el mundo no conocía la discriminación racial, se sojuzgaba por cuestiones de territorio o por religión.

Otro dato importante es que el apogeo del pensamiento racista europeo (fechado aproximadamente entre 1850 y 1920), coincidió con la fase de la creación de los modernos estados liberales y con el desarrollo económico capitalista basado en las exportaciones.

DISCRIMINACIÓN LEGAL

El fracaso de crear categorías naturales coherentes por la vía científica para el tratamiento legal de las razas, no impidió la promulgación de leyes que vinieran a normar su relación socioestatal e institucional. La raza se convierte en categoría efectiva legal a fines del siglo XIX en los Estados Unidos (“Jim Craw laws”), en 1935 en la Alemania nazi (leyes de Nuremberg), en 1948 en África del Sur (leyes del apartheid). Estas leyes discriminatorias y segregativas, que cubren prácticamente todos los dominios de la vida (matrimonio, trabajo, hábitat, desplazamiento, instrucción, etc.), contiene en sus enunciados criterios señalados como raciales.

Los ejemplos anteriores confirmaron que eran las leyes, las que establecían las categorías necesarias en las relaciones sociales; lo jurídico en donde la antropología física no había encontrado diferencias naturales en la noción de raza. Sin embargo, al elevar a la categoría legal el carácter natural, se hizo estableciendo un rasgo coercitivo e imperativo entre dominantes y dominados, para limitar a estos últimos en ciertas prácticas, condiciones de vida y niveles de salario.

Giovanni Sartori19 menciona que el principio de generalidad de la ley radica en su inclusividad. Una ley que se aplica a algunos y no a otros es, en cambio, una ley particularista o seccional, una ley desigual en sentido de que discrimina entre individuos incluidos y excluidos o, mejor dicho, entre incluibles que resultan excluidos. El principio se aplica también al concepto de ciudadanía, la cual produce ciudadanos iguales –iguales en sus derechos y deberes ciudadanos– y que, viceversa, sin ciudadanos iguales no puede haber ciudadanía.

Con estos antecedentes veamos ahora el tratamiento legal dado a los extranjeros en México, para derivar de ello al tema objetivo de este trabajo sobre la prohibición a los chinos a casarse con mujeres mexicanas, a partir de la ley número 31, publicada en el Boletín Oficial del Gobierno Constitucional del Estado de Sonora, el sábado 22 de diciembre de 1923.

CHINOS LEGALMENTE DISCRIMINADOS

Pobre chino que en Sonora

no te puedes ya casar...

pobre chino que no puedes

conjugar el verbo amar.

Con la finalidad de regular la inmigración a México se promulgó la primera ley en la materia sancionada en las postrimerías del Porfiriato en diciembre de 1908, permitiendo la entrada de “todas las nacionalidades y todas las razas”, a excepción de aquellos que padecieran enfermedades, tuvieran algún defecto físico y quienes se dedicaran a actividades que pusieran en riesgo el cuerpo social.

Después del estallido de la Revolución Mexicana, la Constitución de 1917 sentó un precedente que limitaría las garantías que los extranjeros habían gozado hasta entonces, al colocar bajo el dominio nacional enormes fuentes de riqueza que estaban bajo control foráneo. Todo ello en el marco de una política que ensalzó el orgullo nacional y glorificó el mestizaje en que se reconocía el alma de México.

Años más tarde (1921), el presidente Obregón envió al Congreso una Ley de Migración que reemplazaría la de 1908, enfatizando que “si bien la hospitalidad era una virtud de los pueblos cultos, ésta debía limitarse a las exigencias de la salud pública y de la convivencia nacional”.21 Al amparo de facultades extraordinarias, en marzo de 1926 el presidente Plutarco Elías Calles, adiciona un apartado que abría la posibilidad de prohibir la entrada de inmigrantes cuando existiera escasez de trabajo en la República.

No obstante que nunca fue elaborada la ley reglamentaria a la ley del gobierno de Calles, por medio de acuerdos y circulares confidenciales se comenzaron a aplicar criterios que limitaban el ingreso de “razas que se ha llegado a probar científicamente producen una degeneración en los descendientes”.

Una revisión de la Ley de Migración publicada en el Diario Oficial el 30 de agosto de 1930, hizo explícito que “el movimiento migratorio quedaría sujeto a criterios de selectividad racial que apuntaba a una defensa del mestizo mexicano, sobre la base de excluir ‘razas’ que lo amenazaban con una involución biológica”. Andrés Landa y Piña, Jefe del Departamento de Migración, que se autodefinía como poseedor de un “amplio criterio, sentido común y fuerte conocimiento del ramo”, decía:

    ... los chinos, japoneses e indostanos [...] son universalmente conocidos por sus asquerosas y milenarias enfermedades [...] enfatizando que México requería establecer cuotas de ingreso a los extranjeros, cuotas como un arma defensiva, una barrera arancelaria para los hombres como las hay para las mercancías.24

En consecuencia, durante el primer semestre de 1931, se emitieron diversas circulares que reflejaron estos resolutivos. El 30 de abril se ordenó evitar la internación de razas o nacionalidades “prohibidas o restringidas por la ley”. El Plan Sexenal del presidente Lázaro Cárdenas en 1933, estableció que se fomentaría la inmigración de extranjeros fácilmente asimilables a nuestro medio, con preferencia “a los de cultura latina”.

Para los políticos sonorenses la cuestión racial era un asunto de “vida o muerte” para el porvenir de México como estado-nación moderna, llegando incluso a identificar al mestizo producto de “dos razas fisiológicamente débiles”, que habían arrastrado a la nacionalidad mexicana hacia su decadencia, sobre todo en el centro del país y como solución a tan crucial problema se recomendaba:

    ...la promoción de la inmigración de ‘razas fuertes’, en especial la ‘germánica o teutona’, por tratarse supuestamente de una ‘raza de exuberante vitalidad y de energías’, pero sobre todo porque era de ‘gran capacidad asimiladora’. Medida que debería complementarse con la repatriación de los yaquis y la prohibición de la inmigración china.25

Categóricamente señalaban que la unión de chinos con mujeres de “nuestras ínfimas clases” no prometía el tipo de raza que el porvenir y las aspiraciones de la nación demandaban. En cambio, aseguraban que estas uniones darían lugar a “un tipo de nueva raza más degenerada aún que nuestras castas indígenas abyectas (sic) por naturaleza”.

Las demandas de prohibición a la inmigración china y a los matrimonios mixtos fueron incorporados dentro de los programas políticos de agrupaciones como el Club Democrático Sonorense, del cual fue secretario el que sería más tarde presidente de la República, Plutarco Elías Calles.

Los diputados sonorenses identificados con la causa antichina aprobaron en diciembre de 1923 dos leyes propuestas por el representante Alejandro Villaseñor. La primera estipulaba el establecimiento de “barrios chinos” y la otra la prohibición de matrimonios entre mujeres mexicanas y hombres chinos. Villaseñor justificó la segregación de la población china argumentando la necesidad de proteger a la población de enfermedades como el beri-beri, tracoma, lepra, viruela y peste bubónica asiática.

Para principios del mes de marzo de 1924, doce municipios establecieron y delimitaron los terrenos que deberían ocupar los llamados “barrios chinos”, en la mayoría de los casos se trataba de parajes alejados de los centros comerciales de la población y desprovistos de servicios públicos elementales y de toda posibilidad de subsistencia económica.

La implementación de esta legislación a los chinos, sin importar que fueran ciudadanos mexicanos por naturalización, fue dificultada en primer lugar por la resistencia individual y colectiva de la propia comunidad china, que a través de sus organizaciones gremiales, asociaciones de ayuda mutua y partidos políticos, condujo ante los tribunales una bastante exitosa guerrilla jurídica, incluyendo un memorial público dirigido por una veintena de valerosas mujeres de Cananea al congreso estatal, argumentando que la denominada “ley de matrimonios” o “ley salvadora”, “coactaba las libertades a que tenemos derecho”.

El obstáculo más importante lo estableció la propia presidencia de la República. Presionado por la falta de reconocimiento diplomático de los Estados Unidos, Obregón debió tolerar los reclamos de su Departamento de Estado que durante la década de los años veinte ejerció la representación de los intereses del gobierno chino. Además de la delicada situación política y social del país, Obregón no estuvo en condiciones de enfrentarse a su Secretaría de Relaciones Exteriores y al Poder Judicial, los cuales, sobre la base de argumentos legales y constitucionales, se oponían categóricamente a la legislación antichina sonorense.

Finalmente, apremiado por el ejecutivo federal en marzo de 1924, el gobernador de Sonora, Alejo Bay, se vio obligado a notificar a los presidentes municipales se abstuvieran de dictar disposiciones en contra de los chinos y demandó a la Legislatura la derogación de las leyes 29 y 31, declaradas inconstitucionales por la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Aunque el congreso sonorense nunca llegó a revertirlas, las leyes en cuestión tampoco fueron plenamente implementadas, según opinión de el periódico “El Intruso”: “debido a la intromisión de un ‘poder superior’ [...] extraño al estado”.

No obstante esta batalla legal, para fines de 1931 la mayoría de los miembros de la comunidad china, en la que se incluían a aquellos individuos naturalizados mexicanos, sus hijos nacidos en Sonora y sus esposas nacionales, habían abandonado el estado. Algunos regresaron a China, otros se relocalizaron en comunidades chinas de California y Perú y alguno se trasladaron a ciudades en otros estados, sobre todo en Ensenada y Mexicali en la Baja California, Guadalajara y la Ciudad de México.

Unas treinta peticiones de amparo en contra de la Ley 31 fueron sometidas ante la Corte federal en 1931, buscando la protección del poder judicial para resistir la discriminación que el estado de Sonora alentaba por medio de la ley contra los chinos. Todas las peticiones, con ligeras variaciones alegaron violaciones a varios artículos de la Constitución de 1917: el artículo 1 que garantiza derechos constitucionales a todo individuo, el artículo 14 que prohíbe la deprivación de “la vida, de la libertad o de propiedades, posesiones o derechos sin proceso judicial establecido; el artículo 16 que garantiza derechos a persona, familia, domicilio, papeles y posesiones; el artículo 21 que reconoce el derecho a proceso judicial y el artículo 30 (II) (b), que permite que un extranjero se naturalice mexicano.

La opinión de los jueces fue dividida, lo cual mostraba cuan irregulares eran los criterios en la aplicación de la ley. Algunos hicieron notar que ni la mancebía, ni el concubinato eran crimen, siempre que las relaciones fueran discretas y no incitaban el escándalo público. Si la mancebía y el concubinato eran crimen, tendrían que serlo para todos y no solamente para los chinos y las mujeres mexicanas. Otros negaron el amparo aduciendo que la regulación del matrimonio pertenecía a los estados y no al gobierno federal, entonces Sonora podía prohibirlo, si lo viera necesario.

Los chinos naturalizados no eran suficientemente mexicanos, de ley o de hecho, para escapar de la imposición de la Ley 31 en el estado de Sonora, contraviniendo la Ley federal de extranjería y naturalización, que proveía a los mexicanos por naturalización de todos los derechos y deberes que gozaban los mexicanos por nacimiento.

La lucha legal de los inmigrantes chinos y sus esposas e hijos mexicanos, fueron una contribución a la formulación democrática de la relación entre el estado y sus habitantes, para la consolidación de los derechos ciudadanos de que disfrutamos actualmente los ciudadanos mexicanos.

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José Luis Chong Galindo.