martes, 1 de febrero de 2011

CAMBIO HISTÓRICO MUNDIAL.

El escrutinio de la dinámica que caracteriza al cambio histórico mundial desde la perspectiva marxista tiene que ver con dos temas de orden fundamental:

El primero, concierne a la visión crítica del desarrollo social en tanto que desarrollo capitalista, que a su vez se desdobla en el cuestionamiento crítico del acaecer objetivo del modo de reproducción social y en el cuestionamiento crítico a la autoconciencia del sujeto social articulada como discurso científico en la Economía Política clásica.

El segundo, atañe al tema de la actualidad del aparato categorial marxista, como discurso capaz de denotar y esclarecer la naturaleza esencial de las directrices nodales que demarcan la ocurrencia del cambio histórico a nivel mundial.

Ambos puntos se relacionan con un principio sustentante del discurso de Marx, que consiste en su concepción metodológica.

En efecto, hablar del cambio histórico mundial, desde la perspectiva de la Crítica de la Economía Política y hablar de su vigencia, implica referirse directamente al método dialéctico.

El término dialéctica, proviene del concepto diálogo, que significa etimológicamente: “Logos” o conocimiento de la dualidad. En su sentido lato, la dialéctica alude a la unión de contrarios. Para Hegel, la dialéctica es una filosofía, implica una fundamentación epistemológica discursiva, una concepción del mundo, un método, y un criterio de verdad.

A pesar de su brillante planteamiento, Hegel retrotrae la dialéctica a la esfera de la racionalidad y en ella confina al sujeto como creador intelectual y a la objetividad como producto de su pensamiento, de manera que constriñe su concepción dialéctica al nivel epistemológico y su visión ontológica se convierte en idealista, en la medida en que acota la producción en general, al plano teórico.

En Marx el método no sólo constituye la lógica argumentativa de su discurso o su procedimiento investigativo. El método dialéctico es el fundamento de su discurso en el sentido de un nuevo planteamiento epistemológico que surge de su visión ontológica. Marx es el primer filósofo en articular una ontología dialéctica en estricto sentido.

Bajo la pluma de Marx, la dialéctica se convierte en un nuevo paradigma de cientificidad, es decir, en una matriz de racionalidad para el estudio de las ciencias sociales.

Marx investiga, analiza, cavila sobre el modo de reproducción social capitalista, y sus reflexiones lo conducen a la configuración de una teoría crítica, pero también a la propuesta de una nueva manera de hacer ciencia, de un nuevo camino para la investigación y un nuevo procedimiento argumentativo para la exposición.

La concepción crítica de Marx se convierte entonces en una revolución teórica, [1]en la medida en que articula el nuevo paradigma dialéctico que se convierte en nuevo esquema de indagación para las ciencias sociales.

El método dialéctico, está conformado por dos categorías básicas: La categoría de totalidad y la categoría de proceso. Ambas se condicionan e implican: Para analizar la totalidad es preciso asumir el desarrollo evolutivo que la conforma. Por otro lado, examinar el avance del proceso significa apelar al desenvolvimiento de una totalidad.

Asimismo, y en un procedimiento deliberado de contrapunto, podemos aludir a dos elementos claves pero tácitos en el estudio marxista, que son las categorías de tiempo y espacio.

El tiempo y el espacio se presentan, en la física de Newton, como principios explicativos del acontecer natural; en la teoría del conocimiento de Kant, como condiciones de posibilidad del conocimiento, -las llamadas formas puras de la sensibilidad-,[2] y en la teoría de la relatividad de Einstein como dos categorías que se implican recíprocamente.[3]

Por tanto, consideramos en correlato, a las categorías, totalidad, proceso, tiempo y espacio.

El mismo título de este evento: cambio histórico mundial, hace referencia al desarrollo del proceso, como cambio. Pero alude a la totalidad como universalidad. Por otro lado, como historia, denota transformación en el tiempo y finalmente, concierne al espacio como mundialización.

El concepto “totalidad” en el discurso filosófico tiene un significado semejante al de “conjunto” en el discurso matemático, hace referencia a un todo cuyas partes se interrelacionan orgánicamente, de aquí que se equipare al concepto “organismo”.

La categoría de totalidad en la dialéctica se refiere a la posibilidad de conceptualizar la multiplicidad de lo real, en la definición de la alteridad, (“alter” significa “otro” en griego), la realidad fenoménica se presenta como una pluralidad de seres.

Si examinamos el discurso marxista sobre la realidad social, nos percatamos de que su interpretación no forma una ciencia social particular como podría ser la economía, o la historia, o la sociología; lo que Marx está creando es una filosofía crítica de la realidad social capitalista. Y toda filosofía constituye un discurso de orden totalizador respecto de la objetividad que investiga. Por eso en Marx como profesionista de la filosofía, la categoría de totalidad es una consecuencia vocacional.

El discurso de la Crítica de la Economía Política da lugar a una filosofía que entraña y contiene una investigación, al mismo tiempo económica, histórica, y social de la realidad capitalista. Por eso todas las disciplinas reclaman para sí el estudio del marxismo, porque Marx realiza un análisis –no tópico- y no únicamente temático sino totalizador de la realidad social.

La categoría de totalidad forma la parte toral de la Filosofía Crítica, de la Filosofía Alemana de ese período. Por eso constituye para Marx parte de una herencia intelectual. La categoría de totalidad surge desde la sistematización aristotélica en el siglo III a.c., reaparece en los escritos de Kant en la Crítica de la Razón Pura, se desarrolla a través de las teorías de Fichte y Schelling y se configura sustancialmente en la visión dialéctica de la realidad que va a tener su primera exposición moderna en Hegel. Spinoza también explora el concepto de totalidad, pero en tanto que sistematización matemática.

Por otro lado, insistiendo en esta categoría de totalidad, que es por cierto diferente a la categoría de estructura o de sistema,[4] se encuentra en La Introducción a los Elementos Fundamentales de la Crítica de la Economía Política, en la llamada Introducción General a la Crítica de la Economía Política de 1857, Marx afirma que la realidad social es una totalidad concreta.[5] Una realidad objetiva, multidimensional, polisémica, y dotada de un mecanismo propio que le proporciona su impulso como orientación, su finalidad o su “telos”.

Esta totalidad, en tanto concreción -afirma Marx- es la unión de múltiples determinaciones. Entonces investigar una sociedad, implica analizarla en todas sus partes, en todas sus manifestaciones, en todas sus formas y componentes.

De manera que –verbigracia- el plano de lo económico que sólo constituye una parcelarización teórica de la realidad social para su estudio, no puede concebirse sin la esfera de lo político y de lo social, que constituyen otros componentes integrantes de la totalidad concreta.

El celebérrimo discurso sobre el método que Marx establece en 1857, se refiere a la famosa metáfora del edificio social: donde la infraestructura está constituida por la economía, la estructura conforma lo político y la superestructura está formada por la cultura, la ciencia, el arte, la ideología, etc.

Ni lo económico ni lo político pueden ser extrapolados, o conceptualizarse con independencia de lo social, porque cada una de estas esferas, es una objetividad cambiante, una totalidad en proceso, que se encuentra en una continua concatenación, en recíproca influencia, con los otros planos de la objetividad social.

La totalidad concreta es una unidad orgánica, dialéctica, en que las partes (cada una múltiple y cambiante), se comprenden como integrantes del todo en dinámica de condicionamiento recíproco.

La investigación acerca del cambio histórico mundial debe partir de un análisis diacrónico de una totalidad sincrónica (que se encuentra en proceso de transformación), del modo de reproducción social capitalista, considerando los múltiples niveles y agotando los diferentes planos de de la misma.

Otra teoría fundamental que se deriva del concepto de totalidad es la teoría de la división de la sociedad en un plano de apariencia, o esfera fenoménica o de pseudo-concreción y un plano esencial, o esfera de la concreción.

Debido al fetichismo, los sujetos tienden sólo a conocer el plano de la inmediatez, la esfera cosificada donde aprender a manipular objetos a través de una atmósfera de familiaridad, se experimenta de modo superficial e inmediato, en la confianza apática que no desea realizar un esfuerzo intelectual para acceder a la esencia de la realidad. [6]

La “cáscara cósica”, que vela la objetividad real, impide al sujeto acceder al plano más profundo, que implica un trabajo de investigación y un método dialéctico, por tanto permanece preso de categorías fetichistas que le proporcionan una visión parcial y por tanto falsa de la esfera que investiga.

Respecto de la categoría de proceso, se relaciona con el concepto “devenir” hegeliano. El estudio de Marx, también siendo fiel a la tradición filosófica, no se detiene en un análisis estático que fija la objetividad, sino que despliega un método de rastreo, en que se requiere acudir al origen del problema, buscando el principio del acontecimiento.

Se trata de explorar hasta encontrar la raíz explicativa que pueda dar cuenta del desarrollo del proceso. La categoría de proceso impide el estudio que inmoviliza la realidad y que lleva al anquilosamiento de los fenómenos que investiga, al contrario, le corresponde analizar su naturaleza justo en términos de la investigación de su dinámica.

Como categoría dialéctica atañe al concepto de “alteración”, todo ente se encuentra en proceso de metamorfosis constante. Por tanto cambia, se convierte en “alter” otro, niega lo que fue, pero –al mismo tiempo- (unión de contrarios) sigue siendo el mismo.

La categoría de proceso alude a la necesidad gnoseológica de concebir todo acontecimiento como una etapa, o como un momento dentro de un constante devenir.

De manera que todo lo que acaece es consecuencia de una serie de eventos anteriores, y es a su vez, antecedente de hechos que conforman el porvenir.

El estudio de la sociedad, según Marx está aherrojado a esta necesidad de buscar siempre el desarrollo evolutivo de la objetividad que indaga, buscando acceder (duda metódica) al origen o a la raíz del problema.

Conocer un hecho es saber cómo se produjo, cuáles fueron las causas que lo generaron y como ocurrió su desenvolvimiento.

Por otro lado, una de las innovaciones epistemológicas de Marx es la formulación de la crítica como criterio de cientificidad para las ciencias sociales.

A partir de que Marx no sólo está interesado en el conocimiento científico de la realidad social que investiga, sino que además, su interés radica en el proceso revolucionario; entonces, como filósofo y como crítico, Marx procede a cuestionar el sentido de la realidad social.

En la esfera de la crítica a la dinámica objetiva capitalista, Marx expone con claridad meridiana las debilidades y contradicciones de este modo de reproducción social, su legalidad anárquica, la secuencia inexorable de crisis periódicas que lo aquejan, pero sobre todo, su insuficiencia para cumplir los objetivos de un sistema reproductivo, su incapacidad para satisfacer las necesidades del sujeto social.

La formulación de un paradigma de cientificidad implica nuevos criterios para la sistematización del discurso, uno de ellos es la actividad de la crítica en términos teóricos y transformadores.

Marx desenmascara al capitalismo como figura de socialidad cósica y predatoria. En tanto operatividad cósica, su “telos” de valorización del valor sólo se puede llevar a cabo a costa del genocidio y del deterioro ambiental.

Es la acumulación a ultranza de capital a costa del sacrificio humano y ecológico. Es la crítica a una “civilización” que acumula capital mediante la “barbarie”.

Marx denuncia al capitalismo como forma de socialidad destructiva y por ello encuentra una consecuencia histórica y lógica de la crítica en la alternativa de la transformación social.

Es preciso aniquilar al monstruo que hemos creado para la configuración de una sociedad racional.

Marx no sólo presenta una exégesis clarividente y sistemática de la dinámica capitalista, sino que acomete una hazaña que lo convierte en autor clásico de la economía y legitima su vigencia en el siglo de la información, en la era del conocimiento.

Esta es una de las joyas más importantes de su legado. Si el sujeto es el creador de su realidad social, entonces también está capacitado para cambiarla. Esto es lo más importante del humanismo de Marx.

Por consecuencia, el cambio histórico mundial entraña el análisis procesual de la totalidad concreta representada por el cambio de la sociedad capitalista a nivel mundial, desde una perspectiva crítica.

La contradicción dialéctica más importante para Hegel, se establece entre la subjetividad y la objetividad, asumidas conceptualmente. Pero aquí radica el idealismo de Hegel, la objetividad es parte y creación de la subjetividad.

Para Marx, la contradicción más importante ocurre entre el sujeto social y la objetividad natural.

El sujeto social es naturaleza, pero se convierte en polo antitético en tanto que tiene una capacidad racional que le significa la posibilidad de diseñar su actividad productiva, esto es, de crear un modelo de acción que orienta su práctica transformadora a través de un proyecto que le proporciona una finalidad y que lo dota de sentido.

De aquí se deriva el concepto de praxis como actividad proyectiva y creadora de la totalidad concreta. Se configura aquí la tesis de que el sujeto social es el arquitecto de su entorno objetivo.

La relación entablada entre sujeto social y objetividad natural, implica para el sujeto transformación del medio natural y auto-transformación de sí mismo en el sentido hegeliano de superación dialéctica, el momento anterior es negado en el instante posterior que lo perfecciona.

Según el marxismo, la economía no es la ciencia de una realidad diferente, la economía debe ser la ciencia del quehacer económico. Se trata del conocimiento del resultado de la praxis humana, de la actividad transformadora del sujeto social.

Por lo tanto, La Crítica de la Economía Política se legitima como filosofía crítica del proceso de desenvolvimiento de la totalidad social capitalista y como proyecto de superación.

Si bien de modo inicial el sujeto social se autodefine en su actividad práctica transformadora a partir de la objetivación del proyecto, el advenimiento del modo de reproducción mercantil y la práctica de transformación individual, provocó el surgimiento de la propiedad privada.

Con ello se establece la división en clases y la escisión del sujeto social comunitario, en átomos sociales, en un conjunto de propietarios privados independientes con proyectos de producción particulares.

Esto significa que el punto de encuentro social ocurre en el mercado y la regulación del proceso productivo (regulación cósica, azarosa y posterior) también se establece en el mercado, a partir de la carencia de un proyecto de reproducción social.

Finalmente la capacidad decisoria del sujeto respecto de su proceso de reproducción social queda históricamente enajenada en el plano del mercado primero y siglos después en el pseudo-sujeto social el capital.

Esto significa, según la crítica de Marx, que el sujeto creó una objetividad que no controla, un sistema que no domina y un proceso al que se somete de modo involuntario e inconsciente, el proceso de acumulación de capital.

El proceso de valorización del valor crea una dinámica cósica en la cual el capital se convierte en pseudo-sujeto social, que impone a sus productores la realización de su proyecto de autovalorización.

Los capitalistas se transforman en portadores enajenados del capital y el sujeto social en víctima: la marcha del proceso industrial convertirá a una parte de la población en marginada o susceptible de explotación, o condenará a una parte de la población en excedentaria para las necesidades de acumulación y conformará la parte de la humanidad que vive en la pobreza o la extrema pobreza.

El cambio histórico social concierne a la terminación de cinco siglos de desarrollo capitalista y el comienzo de un nuevo siglo y de un nuevo milenio. Pero contradictoriamente, a pesar de la novedad, lo que se presenta es la subsecuente continuidad del añejo capitalismo.

Desde la categoría de proceso, el desarrollo evolutivo del capitalismo articula una serie de cambios vertiginosos y profundos:

El colapso del socialismo real, la destrucción del bloque socialista, el derrumbe del poderío soviético, el elipse del poder hegemónico estadounidense, el proceso de integración europeo, descubrimientos científicos e innovaciones tecnológicas que forman parte de una revolución tecnológica y que da lugar a un proceso de transformación global, el devenir de la funcionalidad mundial de la hegemonía norteamericana hacia una funcionalidad mundial multipolar. Una sucesión de crisis económicas nacionales, que surgen del proceso productivo pero que impactan agudamente al sector financiero y que tiene efectos en la red financiera de comunicación planetaria.

A pesar del tiempo transcurrido, el capitalismo, que ha cumplido cinco siglos de existencia, ha establecido su desenvolvimiento en la consolidación de una legalidad específica, claramente demarcada en su objetivo, definición existencial y motor propulsor del sistema: el proceso de valorización del valor.

Al mismo tiempo finalidad y funcionalidad, a un tiempo caracterización y esencia conceptual, este proceso es la significación básica del modo de reproducción social capitalista, con independencia de todos los cambios y transformaciones.

Entonces afirmaríamos que dialécticamente el capitalismo ha cambiado profundamente, pero el eje axial de su funcionalidad esencial es el mismo: un modo de reproducción social cuya operatividad tiene como motor propulsor y motivo determinante, la valorización del valor, en aras del cual deteriora sistemáticamente a la naturaleza y al sujeto social.

Por lo tanto y a pesar de la sucesión de etapas y metamorfosis, el devenir del capitalismo ha sido conceptualizado en su legalidad esencial por Carlos Marx en la Ley General de la Acumulación Capitalista, que se cumple de modo manifiesto e indefectible.

En el siglo XXI, más de la sexta parte de la población mundial está condenada a morir de hambre. A pesar del progreso tecnológico y del avance científico, el desempleo y la pobreza experimentan un crecimiento inevitable y exponencial.

No obstante el desarrollo cultural y el dominio de la técnica y el incremento del conocimiento, la afectación al equilibrio ecológico de la naturaleza se convierte en un proceso que escapa a la posibilidad de ser detenido o simplemente aminorado.

La ley general se cumple tendencialmente pero como una ley de bronce.

El proceso de acumulación transcurre de modo paralelo a la destrucción del sujeto social y de la naturaleza, tal como lo afirmó Marx en el siglo XIX.[7]

Por su parte el capitalismo, no obstante las modificaciones, sigue siendo el mismo, y a despecho de la modernidad, continúa presentando una mismidad disimulada por el progreso, atenuada por la prosperidad, pero en honor a la verdad: el modo de reproducción social capitalista sigue siendo la formación económica que A. Smith aplaudió con entusiasmo como nuevo porvenir para la humanidad, sigue siendo la realidad social cuyas contradicciones señaló D. Ricardo con preocupación, todavía es la totalidad concreta que Marx criticó radicalmente.

A través de la historia el capitalismo se ha fortalecido refuncionalizando todas las dimensiones sociales a través de regulaciones específicas para preservar su dominio. Ha invadido todos los niveles de la vida social. En el espacio el capitalismo se ha extendido globalmente y en el tiempo ha cobrado vigor. Los procesos de trabajo se reducen en el tiempo y se reorganizan en el espacio para la concentrada y centralizada producción de plusvalor.

Vigencia de Marx

Simplemente el señalamiento del corolario crítico del capítulo XXIII del primero tomo de el texto de El Capital de Marx, y la comprobación de su atinencia teórica para la interpretación de lo real y la certeza de sus planteamientos, forman los argumentos suficientes para hablar de la vigencia de Marx.

Pero deseamos hacer referencia al tema de la praxis, que formulamos con anterioridad:

En el Manifiesto Comunista, Marx y Engels se refieren a la necesidad de que el sujeto vuelva a tomar en sus manos el timón de la historia.

El capitalismo se ha convertido en el espacio mundial en el monstruoso resultado de la praxis histórica no planeada del sujeto social, a través del tiempo. Un monstruo que no puede controlar y que persigue a su creador para destruirlo. De ahí la relevancia del texto de Mary Shelley, Frankestein.

Si bien lo más importante de la totalidad concreta es el sujeto social, ocurre que lo más importante del sujeto social es su capacidad transformadora de la objetividad y su facultad subjetiva, modeladora de proyectos.

Si el sujeto social tiene el poder de planear la transformación de su realidad espacio-temporal y es capaz de concretar su acción en la objetivación del proyecto. Entonces la vía coherente de su “praxis” es la transformación totalizadora de una realidad social autodestructiva. Esto significa que el cambio histórico debe ser impulsado por la razón en el ejercicio de su capacidad deliberativa y de su facultad de elección.

Las revoluciones son la consecuencia pragmática de las ideas que la reflexión concibe en recónditos espacios de biblioteca, en momentos de diálogo creativo.

Lo importante del testamento marxista y del legado de Marx es la confianza plena en que la racionalidad humana podía trascender los linderos de la cosificación para construir un mundo para sí mismo, como alternativa del sistema capitalista.

El esbozo del comunismo como un proyecto inacabado se fundamenta en la certidumbre en la capacidad del sujeto social para transformar su entorno.

Marx no es un profeta pero si posee la clarividencia para detectar en el sujeto social la potencialidad que se oculta para la conversión radical en el logro de un destino emancipado.

Por eso el cambio histórico social puede llevarse a cabo cuando el sujeto social se convierta en el arquitecto consciente de su proyecto político y establezca una figura de socialidad racional.

Será el día en que como el escritor [8] que afirma, “…escribo ideas y la realidad me las plagia”. Algún día el proyecto de Marx, será plagiado por la realidad.



[1] Cfr., Echeverría, Bolívar., El Discurso Crítico de Marx, Ed. Era, México, 1986., p. 38.

[2] “En esta investigación se hallará que hay , como principios del conocimiento a priori, dos formas de la intuición sensible, a saber, espacio y tiempo…”. Cfr. Kant, I.,Crítica de la Razón Pura, Ed. Porrúa, México, 1975. p. 42.

[3] “El proceso de desarrollo aquí esbozado despoja a las coordenadas de espacio y tiempo de toda realidad independiente. Lo métricamente real ahora sólo está dado mediante la combinación de las coordenadas de espacio-tiempo con las magnitudes matemáticas que

describen el campo gravitatorio.” P.56. A. Einstein. Sobre la Teoría de la Relatividad. Ed. Sarpe, Antonio Bosch, S.A., Madrid, 1983.

[4] Estructura se refiere a una noción de carácter abstracto, un complejo de relaciones determinadas, de interdependencia funcional, Cfr.,Aglietta, Michel., Regulación y Crisis del Capitalismo. Ed. S. XXI., México., p. 11. El término estructura se equipara al concepto forma, se relaciona también con el concepto de sistema, como aparato organizado de relaciones jerárquicas, en el plano discursivo designa un conjunto de proposiciones que dependen deductivamente de principios o nociones axiomáticas. El concepto de totalidad hace referencia tanto a estructura como a sistema.

[5] Cfr., Marx, Carlos., Fundamentos de la Crítica de la Economía Política., Ed. De Ciencias Sociales del Instituto del Libro. La Habana, Cuba, 1970. p. 29.

[6] Cfr. Kosík, Karel., Dialéctica de lo Concreto., Ed. Grijalbo, México, 1976. p.29.

[7] Cfr. Marx, Carlos., El Capital, T. I. ed FCE. México, 1980. p. 424.

[8] Benito Pérez Galdós. Tormento., ed. Aguilar, Madrid, 1979.


Mtra. Flor de María Balboa Reyna.

martes, 21 de diciembre de 2010

Reseña de libro: Ciudad de México. Crónica de sus delegaciones.



La Historia de México se ha escrito constantemente a partir de los acontecimientos ocurridos en la capital. Sin embargo, dentro del propio concepto de la capital, la Historia se ha escrito de modo excluyente, involucrando solamente al actual centro histórico y dejando a un lado al resto del territorio actualmente conocido como el Distrito Federal. Si bien la llamada “Ciudad de México” abarcó durante siglos sólo el espacio correspondiente al actual centro histórico, prácticamente todas las demarcaciones conocidas ahora como “delegaciones” han tenido población y los habitantes de cada una han realizado sus aportaciones culturales en todo momento, desde la época prehispánica, pasando por el periodo virreinal hasta la actualidad.

En el año 2007, el Gobierno del Distrito Federal en conjunto con su Secretaría de Educación y el Consejo de la Crónica de la Ciudad de México editaron el libro Ciudad de México. Crónica de sus delegaciones. El libro fue presentado de manera oficial al año siguiente. La obra busca adentrar al lector hacia el origen de cada una de las dieciséis demarcaciones abarcadas en la capital del país. El texto cuenta además con tres presentaciones de carácter introductorio, uno hecho por el Jefe de Gobierno del Distrito Federal: Marcelo Ebrard, otra por Axel Didriksson Takayanagui, quien fungiera como Secretario de Educación del DF en ese entonces y otra por Guillermo Tovar y de Teresa en representación del Consejo de la Crónica de la Ciudad de México, AC.[1]

Como su título lo indica, cada capítulo del libro habla de cada una de las delegaciones políticas del Distrito Federal, agregando un primer capítulo dedicado al llamado Centro Histórico.[2] Al lector podría llamarle la atención el hecho de conocer los orígenes del lugar donde hoy habita. Como se mencionó en el primer párrafo, prácticamente todas las delegaciones fueron en algún momento habitadas desde la antigüedad, ello comprobado al encontrarse vestigios arqueológicos de la era prehispánica, luego pasando por la edificación de iglesias, monasterios o conventos durante el virreinato, hasta la construcción de vialidades, monumentos y edificios del último siglo. Por poner un ejemplo, en la delegación Tlalpan se tiene el asentamiento más antiguo conocido en la capital con la zona arqueológica de Cuicuilco. Posteriormente, durante el virreinato ese mismo lugar fue conocido como San Agustín de las Cuevas y era un lugar de recreación frecuentado por los habitantes de la Ciudad de México. Finalmente durante el siglo XX, Tlalpan se convirtió en una de las zonas de mayor crecimiento urbano en el Distrito Federal.[3] Otro ejemplo sería la evolución histórica de la delegación Magdalena Contreras, cuyo nombre proviene de la unión del río Magdalena, el cual proveía de agua a los antiguos asentamientos ubicados en esa delegación y de la Hacienda de Contreras establecida en el siglo XVI.[4] La Plaza de las Tres culturas de Tlateloco en la delegación Cuauhtémoc, es considerada como uno de los principales ejemplos de la representación histórica de los periodos prehispánico, virreinal y contemporáneo dentro de la capital mexicana.[5]

A la par del texto dedicado a cada una de las delegaciones, el libro cuenta con fragmentos de textos literarios e historiográficos dedicados a la Ciudad de México en diversas épocas. Entre dichos fragmentos se encuentran escritos a partir del siglo XVI con autores como Hernán Cortés, Bernal Díaz del Castillo, Francisco Cervantes de Salazar, Brantz Meyer, hasta autores del siglo XX como Carlos Pellicer, Octavio Paz, Salvador Novo, Carlos Monsiváis, entre otros. También se destacan notas aclarando el origen de los nombres de diversos sitios de la capital a partir de su nombre en náhuatl. Así el lector puede descubrir el significado de Azcapotzalco como “Lugar de hormigas” u “hormiguero”, Cuajimalpa como “lugar donde se labra o talla madera”, Xochimilco como “en la sementera de flores” o “en el sembradío de flores”, etcétera.[6] Asimismo, las muchas imágenes (cuadros y fotografías) incluidas en esta obra fueron proporcionadas por diversos organismos, como el Archivo General de la Nación, el Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la UNAM, la Fototeca de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia, la Hemeroteca Nacional, así como de diversas colecciones particulares.

Después de mencionar en forma breve la historia de cada una de las delegaciones políticas, el libro incluye a manera de epílogo un texto titulado: “De cómo se adquiere la ciudadanía. Notas sobre movimientos sociales en a Ciudad de México” escrito por Carlos Monsiváis y Jesús Ramírez Cuevas. Aquí se enfatiza la participación de los habitantes de la capital, especialmente desde la segunda mitad del siglo XX, poniendo como ejemplos al movimiento estudiantil de 1968, la organización de la gente tras los sismos de 1985 o los actos de inconformidad y protesta tras los resultados en las elecciones de 1988 y 2006. Con ello la ciudadanía ha tratado de volverse visible ante los problemas políticos y sociales en su comunidad. El epílogo da a entender también la búsqueda de derechos para los grupos menos favorecidos y la búsqueda de una sociedad más abierta y plural en la Ciudad de México.[7]

Para finalizar, el libro resulta recomendable para todo aquel interesado en conocer más sobre su ciudad, su delegación o incluso su barrio o colonia. También serviría como lectura complementaria para los alumnos de bachillerato en el Instituto de Educación Media Superior del Distrito Federal, de manera más específica en la asignatura optativa de Historia Cultural de la Ciudad de México.


[1]Ciudad de México. Crónica de sus delegaciones. México: 2007. p. 5, 7, 9.

[2] p. 11-29.

[3] p. 235-243.

[4] p. 176.

[5] p. 123.

[6] p. 57, 96, 277.

[7] “De cómo se adquiere la ciudadanía. Notas sobre movimientos sociales en a Ciudad de México” en Op. Cit. p. 283-300.

Ficha bibliográfica:

Ciudad de México. Crónica de sus delegaciones. México: Gobierno del Distrito Federal, Secretaría de Educación del Distrito Federal, Consejo de la Crónica de la Ciudad de México AC, 2007. 307 p. ils.

Mauricio Karim Flamenco Bacilio.

martes, 14 de diciembre de 2010

Reseña de libro: Carteles nazis y antinazis.



Durante la primera mitad del siglo XX la propaganda política tuvo en los carteles a uno de sus ejemplos más representativos. Los gobiernos de Europa y Estados Unidos se valieron del cartel para mostrar desde sus ideas políticas y sus promesas de campaña, hasta sus formas de reclutamiento militar y sus métodos de control de la población durante la guerra. Entre la propaganda de ese periodo, la elaborada por el Partido Nacional Socialista Alemán del Trabajo (conocido por sus siglas en alemán como NSDAP) ha sido una de las más analizadas por los historiadores contemporáneos, debido a su gran impacto sociopolítico, así como por sus consecuencias.

El libro Carteles nazis y antinazis presenta una breve serie de carteles propagandísticos alemanes entre 1918 y 1945, ello significa la época comprendida entre el final de las dos Guerras Mundiales. En las imágenes del libro se puede conocer desde la búsqueda de votantes del partido nazi para los procesos electorales, hasta la propaganda de guerra hecha por los nazis en los territorios ocupados. La propaganda política del Partido Nacionalsocialista en los primeros años de la década de 1930 era destinada a la unidad social y política. El concepto anterior, junto con el resentimiento alemán tras la firma del Tratado de Versalles y el fin de la Primera Guerra Mundial son causas entendibles para el ascenso y desarrollo del nazismo.[1] El libro contiene también propaganda hecha por grupos contrarios a la ideología del nazismo. Por un lado se tienen carteles hechos por otros partidos alemanes como el Partido Socialdemócrata, el Partido Comunista Alemán o el llamado Partido de Centro.[2] Los tres partidos antes mencionados veían al nazismo como la mayor amenaza común para Alemania, ello se evidencia en sus carteles propagandísticos donde se criticaba principalmente al Partido Nacionalsocialista. Los carteles mostrados en el libro por esos partidos fueron hechos con motivo de las elecciones de 1932, un año antes del ascenso al poder de los nazis con Adolf Hitler como canciller.

Una vez instalados en el poder, los nazis siguieron valiéndose de los carteles como medio de difusión política. Del periodo comprendido entre 1933 y 1938 (es decir, desde la llegada al poder de Hitler hasta antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial), el libro destaca un cartel hecho con motivo de los Juegos Olímpicos de invierno de 1936 celebrados en Garmisch-Partenkirchen Baviera.[3] No obstante, el libro no incluye propaganda de los Juegos Olímpicos de verano efectuados ese mismo año en Berlín. Por otro lado, se desatacan los carteles hechos con motivo de las anexiones de territorios; tales como Sarre en 1935, Danzig al norte de Polonia en 1938 y otro hecho con motivo de la llamada Anschluss (unión o anexión) de Austria a la Alemania nazi en marzo de 1938.[4]

Ya durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), los nazis difundieron sus carteles en territorios ocupados como Polonia, Checoslovaquia y Francia. Además de los carteles hechos en lengua alemana, la propaganda nazi se encontraba también en lengua francesa, checa, holandesa, polaca e incluso rusa; algunos ejemplos de carteles nazis escritos en esas lenguas aparecen en el libro. Por otro lado, los países aliados como Gran Bretaña, Estados Unidos y la Unión Soviética publicaron carteles en contra del régimen nazi, los cuales también pueden apreciarse en el libro. También llama la atención la aparición de diversos carteles realizados para las llamadas Juventudes Hitlerianas, hechas antes y durante la Segunda Guerra Mundial para reclutar a jóvenes desde los diez años de edad.[5]

Sin duda, la Segunda Guerra Mundial y su propaganda ha llamado la atención, no sólo a los historiadores, sino al público en general. Con el libro Carteles nazis y antinazis el público no especializado podrá acercarse al conocimiento de los medios propagandísticos, tanto de la Alemania nazi como de los países aliados. El libro también sería recomendable para los estudiantes de lengua alemana. Aunque en Internet pueden encontrarse las mismas imágenes y muchas más, el libro aquí reseñado no deja de ser una buena fuente de consulta.

Mauricio Karim Flamenco Bacilio




[1] El universo del cartel. Carteles nazis y antinazis. 1ª Ed. México: 2010. p.7.

[2] p. 25-28.

[3] p. 35.

[4] p. 34, 38, 39.

[5] p. 78-83.

martes, 16 de noviembre de 2010

A mi Maestro Bolívar Echeverría:



“A las aladas almas de las rosas

del almendro de nata te requiero

que tenemos que hablar de muchas cosas,

compañero del alma, compañero.”

Miguel Hernández

A mi Maestro Bolívar Echeverría:


Hemos sufrido una pérdida irreparable, El Dr. Bolívar Echeverría, brillante doctor, dilecto catedrático, admirable profesor; también fue –en cierto modo- un luchador social. Su militancia consistía en la enseñanza y divulgación de la filosofía marxista.

Se ocupaba de formar estudiantes en el conocimiento profundo y sistemático del aparato categorial de El Capital, a través de un análisis minucioso y fundamentalmente metodológico. Su finalidad era el fomento del “arma de la crítica” ante el capitalismo, como modo de reproducción social autodestructivo del sujeto social y de la objetividad natural.

En 1976, escuché hablar de él por primera vez: me encontraba ante el aparador donde se colocan las listas de materias optativas para los cursos de sexto semestre de la carrera de filosofía. Hasta el momento, había tenido un historial impecable de profesores de excelencia: Eduardo Nicol, Juliana González, Jaime Labastida, Carlos Pereyra. Leyendo los nuevos cursos pregunté: -…Y, Bolívar Echeverría, ¿es bueno?, varias voces contestaron al unísono, -¡maravilloso!-. Era ayudante de Sánchez Vázquez, ha escrito varios artículos espléndidos, su “Introducción a los Cuadernos de París” es formidable, cada una de sus clases es una conferencia, el maestro Bolívar es punto menos que un manantial de erudición…-.

La primera clase me deslumbró: tenía uno de los salones más grandes de la Facultad de Filosofía y Letras, pero entre alumnos y oyentes ocupábamos todas las sillas, el largo corredor se llenaba de estudiantes sentados en el suelo, y, salvo el pizarrón, las paredes se cubrían de personas que olvidaban la incomodidad de estar dos horas de pie, con tal de no perder ni una palabra del sabio profesor. Su lógico discurso, su clara elocuencia, su erudición, lo convertían en uno de los maestros más sobresalientes, dentro de una gama de expertos.

En aquellos tiempos convergían, -y divergían-, se mezclaban –y enfrentaban- las clásicas y novedosas corrientes y escuelas de pensamiento en la Facultad: existencialista, marxistas, metafísicos, maoístas, anarquistas, filósofos de la ciencia, leninistas, etc., formaban la más variada diversidad. Entre partidarios, detractores e iconoclastas se mantenía la petulancia, la extravagancia y el esnobismo, pero también el diálogo.

Entre tal profusión de tendencias, constituyó un privilegio encontrar a un profesor que leía y enseñaba a Marx, a partir de los fuentes originarias y de los textos ortodoxos, sin la mediación barata de manuales.

El marxismo que impartía en su cátedra el maestro Echeverría tenía la esencia de la profundidad filosófica sin obsequio alguno a la mediocridad, ni siquiera tenía que lidiar con la barrera linguística, porque había sido educado en Alemania y leía a Marx en su propio idioma. Su sólido conocimiento de la metodología marxista dio lugar a una rigurosa hermenéutica, a una visión del marxismo que se conoció como científica en la Facultad de Filosofía, y que resultó descollante respecto de otras interpretaciones que por aquél entonces circulaban.

Yo me convertí en seguidora fanática (como muchos otros) de su maravillosa cátedra, y en estudiante sempiterna del marxismo. Haber sido su ayudante en la Facultad de Filosofía, se convirtió en fuente de orgullo personal. Significó mi ingreso profesional en la UNAM, una gran oportunidad en el camino de mi formación; y finalmente un verdadero privilegio, uno de los momentos más caros de mi historia vital.

Justo cuando entré a estudiar la maestría, el Dr. Bolívar decidió cambiar su adscripción a la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Economía, lo que me permitió seguir siendo su alumna. Fui testigo de la formación de una escuela de pensamiento. La misma veneración que despertaba en la Facultad de Filosofía, la causaba en la Facultad de Economía. Los salones –siempre colmados, los grupos saturados, sin duda cumplió su labor de académico notable.

Fue mi asesor en la tesis de licenciatura y de maestría, ambas recibieron la mención honorífica y en las dos escribí sendas dedicatorias: a mi maestro, Bolívar Echeverría.

El maestro Bolívar tenía un verdadero amor a la academia, su vocación (de la que también estaba enamorado), era la filosofía y su posición era –como ya se ha mencionado y no menos apasionada- marxista.

La última vez que lo ví, fue hace años, en una presentación de profesores de Economía Política; Bolívar aceptó de inmediato la invitación y me agradeció con afectuosa sonrisa mi devota presentación.

La vida me jugó una mala pasada: durante todo el semestre pensé en encontrarlo a la salida de su cátedra en filosofía, quería enseñarle mi trabajo, tener su aprobación, pero el intento de pulir esmeradamente el texto antes de presentárselo provocó que el tiempo me derrotara.

Mi pena es tan honda que no encontrará los linderos de su confortación. Perder a un maestro constituye una suerte de orfandad académica, equiparable al menoscabo de una amistad entrañable.

El fallecimiento de un ser querido constituye el enfrentamiento a la efímera plenitud de la vida, a la incertidumbre de la asechanza del final, el sentimiento -siempre soslayado pero presente- de la angustia existencial.

Algunos filósofos se han referido al tema con profusión: Kierkegaard, para quien la angustia, es el vértigo de la libertad; o Sartre, que sostiene que en tanto la existencia precede a la esencia, el hombre está condenado a elegir; o Heidegger, que señala que “…al ser ahí, le va su propio ser...”. En términos generales, los existencialistas consideran que si bien el hombre es un ser para la muerte, lo cierto es que la muerte le da sentido a la vida.

Por su parte, es preciso considerar a pensadores de la antigüedad que afirmaban “…goza tu vida y vive tu minuto porque es más tarde de lo que imaginas.” Vivir significa tener un angustioso terror a la muerte, no precisamente a la nuestra, porque, como afirman los epicúreos, “…cuando nosotros somos, ella todavía no es; y cuando ella es, nosotros ya no somos”.

Recordemos el famoso poema de San Juan de la Cruz, que repite el estribillo de “Muero porque no muero”. O bien Sor Juana que en su Romance declara: “Mira la muerte, que esquiva, huye porque la deseo; que aún la muerte si es buscada, se quiere subir de precio…” No elegimos nacer y tampoco sabemos cuando moriremos, sólo sabemos que vamos hacia la muerte y que, como escribe Gorostiza: “Desde mis ojos insomnes, mi muerte me está acechando…”.

El verdadero pavor nos sobrecoge ante la muerte de seres queridos. Las religiones tienen una solución muy adecuada: todas ellas ofrecen la promesa inefable de vida eterna: como el tema es ignoto, no tienen que cumplir su oferta –al menos en esta vida-. Particularmente los católicos, -versados en tanatología-, afirman que la vida eterna es temática concerniente a la fe, y la fe -como dice San Pablo-, “…es la sustancia de la esperanza”.

Pero para los descreídos, sólo queda el dolor: ante el deceso de alguien amado, nos abruma el desconsuelo y la desesperanza. En un poema memorable, Miguel Hernández manifiesta . “Y hasta el amor me sabe a cementerio, …No podrá con la pena mi persona…tanto penar para morirse uno”. Es la tragedia de Simón de Beauvoir ante el fallecimiento de Jean Paul Sartre: “…su muerte nos aleja, mi muerte no nos acercará…”

Lamentamos profundamente la desaparición del distinguido profesor. Venturosamente nos deja su legado, el vigor formidable de sus enseñanzas y la poderosa fuerza de su palabra. Quien desee conocer de modo riguroso y profundo la obra de Marx debería leer El Discurso Crítico de Marx de Bolívar Echeverría. Quien quiera saber acerca del ser social y la conciencia social capitalista debería leer su Definición de la Cultura. Cada una de sus obras representa un análisis crítico del tema investigado, cada uno de sus escritos tiene la metodología del filósofo, la penetración del marxista y la sagacidad del sabio. Como dice Miguel Hernández, “… siento más tu muerte, que mi vida.”

Ante la magnitud del cosmos, la fugaz trayectoria de la existencia humana y la trascendencia del universo, sólo podemos afirmar que somos polvo, polvo cósmico. Pero, apelando a Quevedo, será “polvo enamorado”:

“Venas que humor a tanto fuego han dado,

Médulas que han gloriosamente ardido

Su cuerpo dejará, no su cuidado,

Polvo será, más polvo enamorado”. 1

Mtra. Flor de María Balboa Reyna

1 Publicado originalmente en Cuartilla, Gaceta de la Facultad de Economía, Junio del 2002 No 40 p.3

viernes, 8 de octubre de 2010

Entrevista al Arq. Jorge Agostoni.


Breve esbozo de la trayectoria del Arquitecto Jorge Agostoni.

Arquitecto, museólogo y museógrafo. Efectuó sus estudios profesionales en la Universidad Nacional Autónoma de México y estudios de postgrado en restauración de monumentos y museología en México y en Italia. Cuenta con muchos años de experiencia en el campo de los museos, durante los cuales ha realizado la planeación y diseño de múltiples museos y exposiciones en México y otros países.

Ha sido consultor de UNESCO y del Banco Mundial para la planeación de museos en Kuwait, Egipto, Argentina y Panamá.

10 Enero 2009, 6:30 p.m.

Silvia: Antes que nada tengo que darte las gracias por tu entrevista, te lo agradecemos muchísimo.

Arq. Agostoni: Es un gusto.

Silvia: ¿Cómo definirías lo qué es un museo, tu que eres gente dedicada a esto.

Arq. Agostoni: Bueno, pues la definición clásica de los museos, que son instituciones sin fines de lucro, abiertas al público, que tienen como objetivo conservar, estudiar y exhibir con fines de información y orientación, testimonios del hombre y su entorno, o sea, mas o menos así va, no me la se de memoria, pero es la definición clásica del ICOM (Consejo Internacional de Museos )

Silvia: Pero, esa definición clásica, en tu experiencia abarca lo que realmente debe ser un museo.

Arq. Agostoni: Pues, si, un museo, no todos los museos cumplen esa funciones, porque hay muchos museos, sobre todo los museos pequeños, pues que no investigan verdad, que no investigan, incluso no conservan, o sea, conservan en el sentido de exhibir, que la exhibición puede entenderse como conservación o como daño de los objetos, digo, obviamente está mejor cuidado un objeto en exhibición que un objeto arrumbado en una bodega, cuando la bodegas no tiene condiciones adecuadas, o sea, los museos chicos generalmente los que hace, lo que comúnmente hacen es la función de exhibición. Pero en general un museo completo, un museo grande si tiene esas funciones de conservar, investigar difundir, promover, etc. , y específicamente exhibir.

Raymundo: Perdón. En donde está el corte entre museo pequeño y museo grande.

Arq.: Pues el corte está en el presupuesto (sonrisas), el corte está en el presupuesto, un museo pequeño no tiene presupuesto para pagar investigadores, conservadores, restauradores, etc., entonces, es una cuestión más que nada de presupuesto y obviamente y como consecuencia del presupuesto de las instalaciones, o sea, hay museos instalados en edificios que apenas tienen espacio para el acceso, la taquilla y las exposiciones, o sea no cuenta con espacios para servicios al publico y operación.

Silvia: Estás funciones de un museo como repercuten en la sociedad:

Arq.: El museo lo que hace es conservar la memoria de una sociedad, la memoria histórica, artística, y en general, la memoria cultural de un pueblo, entonces repercute en que hay una mayor, digamos, contribuyen a crear la conciencia de los valores de esa sociedad. No es el único medio, pero es un medio importante porque es el único que exhibe el objeto real y no una representación del objeto. Entonces en ese sentido, en eso radica la importancia del museo. Que uno puede ver una pintura en un libro de arte, en una fotografía, pero no tiene esa importancia, digamos acercamiento que tiene el ver la obra físicamente, entonces la función del museo es esa, conservar la memoria de una sociedad y de una cultura, cualquiera de sus aspectos y contribuir a crear esa conciencia, de los valores que tiene esa cultura.

Silvia: Tu eres un hombre con mucha experiencias en esto de los museos. Un museo de historia ¿cómo lo planeas tu?

Arq. Agostoni: ¿Cómo planeo un museo de historia? Obviamente, primero lo que hay que plantear es el tema, o sea, es un museo de historia, pero que abarca, abarca un período, una región, un grupo, primero delimitar, tiene que haber una delimitación, de que historia se trata. Finalmente todos los museos, incluso en muchas ocasiones los de arte, nos cuentan una historia, ya sea una historia, Historia digamos con mayúscula, o la historia del zapato, la historia del sombrero, la historia de los lápices, o la historia de lo que uno quiera o la historia del arte, todos los museos en el fondo lo que cuentan es una historia. Un museo histórico lo primero que hay que hacer es determinar esa…, los límites, o sea, el tema especifico, que se va a tratar o el periodo especifico o el personaje, etc. Y después investigar, hacer una investigación sobre ese tema y esa investigación tiene que ser exhaustiva, pero al mismo tiempo tiene que determinarse cuales son los aspectos fundamentales de esa historia. Pues es obvio, que un museo por mas grande que sea no puede acomodar la historia con todos sus detalles. Entonces tiene que hacerse un análisis, de los aspectos más importantes y decisivos de esa historia y esos son los que se van a presentar en el museo. Claro que también en la selección de esos aspectos relevantes o más destacados de la historia o los que contribuyen más a dar ese curso histórico, también interviene, cuales son aquellos aspectos de la historia que tienen mayor posibilidad de representarse museográficamente. Porque puede ser un aspecto muy importante de la historia pero, puede ser un aspecto puramente conceptual, filosófico, ideológico, que difícilmente tiene una traducción museográfica y que si se incluye en un museo, por más importante que sea, no ocupara un espacio significativo. En un museo, la importancia de los temas se da por el tamaño que ocupan en las salas y por las dimensiones, un concepto filosófico pues, es muy difícil representarlo al publico y representarlo con la importancia que puede tener. Entonces en esa definición, de los aspectos relevantes de la historia que van ha estar en el museo también intervienen el aspecto de cuales son esos aspectos relevantes que tienen una posibilidad mayor de museografiarse. En fin, esta labor es lo que llamamos el guión museográfico, o sea, que esto parte de un guión museológico, en el guión museológico se establece, la temática, pero a la vez que la temática, el carácter, el concepto, la esencia de la exhibición, cual va a ser, si se va a presentar con un desarrollo cronológico, geográfico, etc., entonces se define esto en el guión museológico, se define el concepto de las exhibiciones, el carácter de las mismas. Si va a ser un museo basado en la presentación de objetos, o si va a ser un museo que va combinar objetos con la representación de otro tipo, o si va a ser un mueso que le va a dar poca importancia al objeto y más a las reconstrucciones o las ambientaciones.

Ray: Algo que he visto en tu obra, que me parece muy interesante y de suma importancia para los museos en México y para la enseñanza de la historia, tú trabajo es un tanto interactivo entre los objetos que presentas en los museos y las personas que asistimos a ellos, porque al mismo tiempo nos empezamos a sentir parte de este museo, de los que yo he visto, en particular, el de Culiacán, el de Chetumal, Cultura maya. A mi en lo particular, me llevan a los momentos, a formar parte activa de estos museos ¿esto a partir de cuando se empieza a realizar, el que un museo sea interactivo? O, a partir del ¿cómo?

Arq. Agostoni: Nosotros empezamos a aplicar técnicas, técnicas interactivas, técnicas de espectáculo para los museos a finales de los ochentas, a finales de los ochentas empezamos a combinar estás técnicas interactivas que son propias o que eran propias de los museos de ciencias y los nuevos museos de ciencias y el espectáculos, que no tenía nada que ver con los museos, empezamos a combinarlos con la documentación de los objetos a finales de los ochentas. Que fuimos de los primeros que hicimos esto.

Silvia: ¿sPodríamos hablar de que tu te involucras con una museografía didáctica?

Arq. Agostoni: Sí, sí definitivamente no. Es decir, el museo, si bien un museo no es una escuela, ni pretende informar del tema, lo que hace un museo es despertar, o lo que debería hacer un museo es despertar el interés del visitante para que busque más información en otros lados sobre el tema. O sea, no es posible que un museo enseñe, ni tampoco que informe, el museo lo que haces es motivar, motivar para que el público busque la información que le pudo haber interesado o que le pudo haber despertado el interés del museo. Entonces esa motivación es parte de ese aspecto de ese museo, didáctico en el sentido de despertar esa inquietud, no didáctico en el sentido de que te enseña.

Silvia: Pues algo más que quisieras agregar, esto nos ayuda mucho a nosotros.

Arq. Agostoni: No pues ustedes lo que…

Ray: Entonces dentro del despertar el interés por un objeto de estudio, esto mismo nos hace ya interactuar más profundamente con el museo. Bueno, hay museos en los cuales te impiden siquiera acercarte a observar una pieza con detenimientos, en los cuales te ponen un límite para no ver más acá de esta pieza. ¿Cuándo encontramos este balance entre el joven, el visitante en general del museo, y que pueda participar de los objetos que encuentra en el museo, creo que este momento forma, más aún, parte de la didáctica posiblemente del museo. ¿Estoy en lo cierto?

Arq. Agostoni: Si, claro, es que mientras más acercamiento haya del visitante con una pieza, más interés despierta en el visitante la pieza. O sea, las barreras se ponen en el museo por cuestiones de conservación de las piezas, las piezas se ponen en un vitrina porque sino pues se acaban la pieza. Pero, obviamente si el visitante pudiera tocarla, tenerla en sus manos, pues obviamente sería un aliciente fenomenal para que estudie más sobre el tema no, pero para eso se necesita encontrar la conservación, siempre hay una pelea en los museos entre la exhibición y la conservación, es un equilibrio delicado, hay que estudiarlo con mucho cuidado ante la conservación.

Silvia: Como esto que paso en Villahermosa con las piezas.

Ray Hay algo que a mi me parece importante, se está empezando a manejar en la actualidad, que es la participación de los ciegos al tocar piezas, ¿esto es muy reciente en nuestro país? De acuerdo a tu experiencia ¿ha sucedido en otros países?

Arq. Agostoni: Si es decir que en todo el mundo. El permitir que los discapacitados de todo tipo puedan tener acceso al museo y hay museos que si tienen secciones para ciegos y otros que no sólo son secciones, sino que todo el museo tiene partes en donde el público pueda acceder a algunos aspectos del museo.

Por ejemplo: El Museo de la Cultura Maya, uno puede decir en un museo que la cultura maya floreció en la selva tropical, pero no es lo mismo decir que floreció en la selva tropical que poner una franja de selva, o sea, la franja de selva inmediatamente da esa idea del medio ambiente en que floreció esa cultura, que no la suple aunque se les digas donde floreció, no es lo mismo a verlo. Y en el caso de la cultura maya, la selva es un aspecto fundamental no. Es ese tipo de cosas, como poder entender el calendario maya dándole vuelta a la manivela, te hace desear desear saber más sobre el calendario maya.

Ray: Hay algo muy importante que trataste al principio de ésta plática que fue, que un museo del zapato, que un museo del vestido, esto nos lleva a pensar en una museo, nos conduce a conocer una historia de vida cotidiana y esto en consecuencia nos lleva a conocer y nos trasmite el conocimiento histórico de determinada época.

Arq. Agostoni: Claro, un zapato…, a través de un zapato, puedes hablar de un pueblo, de su tecnología, de los descubrimientos científicos con una zapato tu puedes hablar del mi temas, de muchos temas que se relacionan con el zapato, que tecnología había, que materiales, que estilo que conceptos del diseño, que, o sea…

Silvia: Por eso son tan importantes los museos porque un objeto te puede dar una cantidad de información.

Arq. Agostoni: Un objeto tiene una cantidad de información enorme, la única cosa es saberla leer.

Ray: Entonces dentro de un museo, esto es muy importante para nosotros el saber leer la historia que está dentro de los objetos que nos presentan en el museo.

Arq. Agostoni: Así es, así es, esa es la función de un museo, tu a través de un objeto, tu puedes, un objeto tiene en sí mismo una cantidad enorme de información.

Silvia: Pero como dices, si ese objeto lo rodea. de su ambiente, como un manglar, de una selva…

Arq. Agostoni: Claro, le das un apoyo al objeto para obtener más información de él. Con cualquier objeto, una caja de Malboro, el tabaco de que está hecho el cigarro, hablas de los cultivos, de la mano de obra, de la esclavitud, de cómo se hizo un filtro, del papel, de la tecnología para hacer mercado, aquí hay un mundo de información que hay que saberla leer.

Silvia: Pero no saberlo leer, porque el que lo va a leer es el que va al museo, sino el que hace el museo, el que hace la museografía ¿cómo se lo va a dar a leer a la gente? que es lo importante.

Arq. Agostoni: Si. La museografía lo que hace es que contribuya a que el público lea el objeto.

Silvia: Muchísimas gracias por tu entrevista, estamos muy agradecidos. Buenas noches.


Silvia Cirett y Raymundo Casanova.

sábado, 7 de agosto de 2010

Estampillas postales conmemorando 100 años de la fundación de la UNAM.



No sé si a ustedes les pase, pero a mi me resulta casi imposible caminar por la calle de Tacuba y no ingresar al edificio de Correos, la belleza del edificio invita a introducirse con cualquier pretexto. El más socorrido en mi caso, es preguntar por las más recientes ediciones de timbres que se encuentran disponibles.

A pesar de no ser un coleccionista, los timbres siempre me han llamado la atención, el atractivo ha ido en aumento durante los últimos años, no puedo dejar de mirar a las estampillas postales como si se tratara de los condenados al pabellón de la muerte. Sospecho que mandar cartas con sus respectivos timbres será algo que muy pronto quedará solamente en la memoria.


El primer sello postal mexicano


Desde que Ignacio Comonfort estableció el uso de estampillas postales en 1856, se han emitido más de 3,600 estampillas, cada una de ellas representa un pedazo de la historia de nuestra nación. La presencia en un sello postal supone un honor, sólo por debajo de aparecer en papel moneda. Por eso, no puedo disimular la agradable sorpresa que me llevé, hace unos días al encontrar la planilla conmemorativa del 100 aniversario de la fundación de la UNAN.

La serie está formada por 50 estampillas, cada una con valor de un peso. Del total, 32 son individuales y nueve dobles, los temas destacados tienen que ver con algunas de las muchas aportaciones con las que la Universidad ha contribuido a nuestra nación, también podemos observar algunas fotografías históricas y los edificios más representativos de la institución.
Celebramos la iniciativa de Correos por sumarse a las conmemoraciones, con este conjunto de gran valor estético e histórico, que seguramente no tardará mucho en desaparecer de las ventanillas.




Marco Fabrizio Ramírez Padilla.