sábado, 22 de junio de 2019

Reseña. JUÁREZ, EL REPUBLICANO










JUÁREZ, EL REPUBLICANO
Claudia Espino Becerril[1]
Este libro —dirigido a los alumnos de Educación Básica— fue publicado por encargo de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos, con motivo del bicentenario del nacimiento de Benito Juárez; es uno de los textos más recientes de la doctora Josefina Zoraida Vázquez —reconocida especialista en estudios del siglo XIX—.
El libro consta de nueve capítulos; tres apéndices: dos de ellos están compuestos por cartas de Juárez —una dirigida a Matías Romero y la otra a Maximiliano—, y el otro es una transcripción de los bienes que poseía don Benito antes morir; asimismo, se incluyen las fuentes de la iconografía incluida y un índice onomástico y temático.
La autora inicia con una breve semblanza de lo que ha sido hasta hoy don Benito Juárez, figura controversial, símbolo de la defensa de los principios liberales y la soberanía nacional, que traspasó fronteras llevándolo al reconocimiento como el “Benemérito de las Américas”. Juárez —como señala— vivió una época en la que se estaba construyendo el Estado mexicano; de ahí que el texto obedezca justamente a esa necesidad; es decir, el establecimiento de un paralelismo de su vida con los acontecimientos más relevantes del acontecer histórico de buena parte del siglo XIX.
La historiadora narra cómo es que deja su pueblo natal para incorporarse al Colegio Seminario de Oaxaca, donde tomaría sus primeras enseñanzas; pero también como éste no cumpliría con sus expectativas, sus inclinaciones e ideales liberales —de alguna manera toma conocimiento de las ideas provenientes de la guerra de Independencia—, se integra a un colegio civil, al recién creado Instituto de Ciencias y Artes —atacado sobre todo por los militantes conservadores—.
Una de las características de este libro es el tono breve y conciso para contar los acontecimientos, pues en un capítulo resume una de las épocas de mayor vulnerabilidad que han dolido a México, la pérdida de Texas y la ocupación de la Ciudad de México por tropas estadounidenses. Asimismo, la autora describe la carrera de Juárez, iniciando con el ejercicio de su profesión —la abogacía—; para 1838 ya ingresaba en la política como secretario del Tribunal Superior de Justicia. Para 1845, con experiencia suficiente, lanzó su candidatura como diputado a la Asamblea Legislativa de Oaxaca y, aunque ganó, no fructificó; pero le abrió las puertas a otros cargos como ser gobernador de su estado. Juárez, como militante liberal, se destacó por tomar sus distancia con la Iglesia, sobre todo cuando ocupó la Suprema Corte de Justicia con Comonfort, en la presidencia y el decreto de las Leyes de Reforma con el fin de someter a la Iglesia al poder civil. El trabajo de la autora nos introduce en la serie de altibajos que enfrentó el presidente Juárez cuando se vio amenazada no sólo la estabilidad del país, sino la soberanía nacional ante gobiernos extranjeros que habían posado sus ojos oportunistas en la nación que estaba dibujando la ruta por donde caminaría; así, las luchas entre conservadores y liberales estaban impregnadas de estos aromas. Una expresión de ello es la llegada de Maximiliano, quien llegó a representar una amenaza para los conservadores pues, a pesar de todo, compartía algunos principios con Juárez. En otros casos, no había mucho que hacer, y se tuvieron que tomar decisiones y hacer concesiones no muy ventajosas para nuestro país.
En la cuestión de planeación para el país, que Juárez tenía, la autora señala que eran nítidamente liberales, le interesaba promover la educación, promover las ramas de la economía con inversiones extranjeras y construir comunicaciones, metas nada ajenas a nuestro presente. Pero también quería el poder, por lo menos mantenerlo hasta sentar bases firmes al sistema constitucional y consideraba fundamental lograr que los tres poderes federales tuvieran un peso equilibrado, para lo cual era necesario restaurar el Senado y equilibrar las competencias del gobierno federal y de los estados. A partir de 1870 su salud se fue minando y se vio afectada aún más después de la muerte de su esposa en 1871, que lo postraría para siempre en 1872.
Sin duda, la vida de don Benito Juárez estuvo llena de sobresaltos, no sólo en su carrera política, sino a nivel personal; la autora destaca las varias veces que, como presidente de la República Mexicana, tuvo que cambiar su residencia.


[1] Reseña publicada por Palabra de Clío. Revista de divulgación histórica, Año 1. Número 1 Primavera 2007, México, D.F., pp. 127-129.

6 comentarios:

Unknown dijo...

👍 interesante muy bueno

Unknown dijo...

XD

Unknown dijo...

Awebo ya tengo mi reporte de lectura

Unknown dijo...

Lista la pinche tarea 😎

Anónimo dijo...

Yo no acabe de leer el pinche libro de mrd

Anónimo dijo...

Como puedo adquirir edte genial libro?