sábado, 19 de marzo de 2011

Eugenesia y puericultura. La higiene y la salud materno-infantil en el primer Congreso Mexicano del Niño de 1921.


Martha Román Villar.

Eugenesia y puericultura. La higiene y la salud materno-infantil en el primer Congreso Mexicano del Niño de 1921.[1]


Al iniciar la década de 1920, uno de los objetivos del primer gobierno surgido de la Revolución de 1910 fue resguardar la salud de la población, particularmente de las mujeres y los niños pobres de la ciudad de México, y uno de los ejes fundamentales del proyecto de reconstrucción nacional. Con el objeto de resarcir la pérdida de vidas ocurridas durante la gesta armada, disminuir los altos índices de mortalidad infantil, propiciar el crecimiento poblacional y perfilar al futuro ciudadano física y moralmente sano y útil para el Estado, la higiene y la protección de la salud materno-infantil fue puesta a debate entre los diversos sectores de la población. El Primer Congreso Mexicano del Niño, revestido de un carácter nacionalista, científico, filantrópico y moral fue el primer evento organizado en enero de 1921 con el fin de discutir los múltiples problemas que aquejaban a la infancia, así como la plataforma de lanzamiento de la eugenesia y la puericultura como las disciplinas que se ocuparían de atender la salud de este grupo social en particular.

En México, durante la década de 1920, médicos, el Estado y la opinión pública otorgaron gran importancia a la salud de la población, a la higiene, así como la salud materno- infantil, con particular énfasis en las áreas urbanas. La preocupación por la alta mortalidad infantil, un problema latente y generalizado durante el siglo XIX y que persistió durante el siglo XX, considerada asimismo como un factor que incidía en menoscabo del crecimiento poblacional fue un eje importante del proyecto de reconstrucción nacional.

No obstante a los avances contenidos en la bacteriología en las últimas décadas del siglo XIX, a partir de los cuales se legitimó la “ciencia de la higiene” como la nueva disciplina que mejoraría las condiciones sanitarias de la ciudad de México y a las propuestas y medidas de saneamiento que se implementaron en el Porfiriato, la mortalidad de los infantes lejos de disminuir se acentuó durante la fase armada de la Revolución Mexicana (1910-1920). Una vez concluida la gesta revolucionaria, el nuevo Estado fundamentado en la ciencia y la tecnología, en los avances que sobre higiene y protección materno- infantil se estaban implementando en el extranjero, así como ante el anhelo no solo de mejorar la constitución racial del mexicano sino de perfeccionarla, retomó algunas de las propuestas formuladas durante el Porfiriato sobre la materia buscando ser llevadas a la práctica en un contexto de legalidad y justicia social emanado de la Constitución de 1917.

Eugenesia y puericultura. Niños sanos, fuertes, bellos e inteligentes.

La eugenesia fue una disciplina que surgió en el continente europeo durante la segunda mitad del siglo XIX. Fue definida como la “ciencia del estudio de los mecanismos para lograr […] el perfeccionamiento de la especie humana” mediante la cual los “hombres de ciencia” tendrían la autoridad y los elementos suficientes para intervenir en aspectos relacionados con la reproducción de la especie De esta manera, la ciencia podría ser aplicada para engendrar una raza fuerte y sana como verdadero sustento de las naciones y un signo de progreso y modernidad.[2] Esta disciplina en la práctica fue matizada y adaptada a las diferentes realidades nacionales. La eugenesia denominada dura y negativa, adoptada por países anglosajones como Inglaterra, Alemania y los Estados Unidos, se enfocó particularmente a aspectos biológicos-raciales. Por otro lado, la eugenesia blanda y positiva adoptada por Francia, cuya influencia se hizo sentir en los países latinoamericanos, entre ellos México, pugnó por mejorar las condiciones ambientales, por la profilaxis social mediante la higiene y la educación, y la intervención del Estado para el establecimientos de campañas sanitarias y la formulación de políticas públicas para la protección materno-infantil. Por ello, la población se incrementaría en condiciones saludables y al mismo tiempo se corregirían vicios sociales como el alcoholismo y la prostitución.

Al iniciar la década de 1920, el Estado posrevolucionario inserto en un proceso de reconstitución política, de reconfiguración social y de incipiente institucionalización, situó a la eugenesia en un marco científico vinculada con la ideología revolucionaria, cuyos postulados buscaron ser aplicados a la realidad social. La creciente urbanización, la elevada mortalidad materna e infantil y la falta de un sistema de salud pública efectivo, dieron a la eugenesia y a la puericultura un carácter político, moral y racial. De esta manera, los niños, reverenciados como el futuro de la nación fueron puestos bajo la tutela del Estado, el cual se asumió como rector y guardián de la salud pública y el derecho de intervenir en la esfera pública y privada de la población.[3]

Puericultura y Eugenesia. Madres sanas, niños fuertes y vigorosos útiles al Estado.

La puericultura, una disciplina que emergió en Francia durante la segunda mitad del siglo XIX como una variante de la eugenesia, cuyos postulados provenientes tanto de la obstetricia como de la pediatría, llevaron a que se consolidara como una nueva rama científica para afrontar el fenómeno de la despoblación causada por las constantes endemias y epidemias.[4]

Uno de los partidarios de la eugenesia francesa fue el médico Adolfo Pinard, quien reelaboró la eugenesia inglesa y la tradujo en puericultura. Como ya se mencionó antes, la puericultura, con estrechos vínculos con la eugenesia se dirigió a lo social persistiendo los conceptos de regeneración y mejoramiento de la raza. Este médico, preocupado también por los aspectos genéticos planteó que el cuidado de los niños debía iniciarse desde antes del nacimiento con la atención de los progenitores, particularmente con la madre.[5]

En México, a principios del siglo XX y siguiendo los postulados de la puericultura francesa la salud del niño fue vinculada con la de la madre. Se pensaba que una de las maneras para tratar de disminuir la mortalidad infantil -con sus efectos inherentes al crecimiento poblacional- era atendiendo a la madre en el periodo prenatal. Sin embargo, no fue sino hasta la década de 1920 cuando la puericultura cobró un fuerte impulso en la fase natal y posnatal como un elemento importante del proyecto de reconstrucción nacional.

Con el fin de asegurar una descendencia sana, fuerte, vigorosa y útil al Estado, la puericultura formó parte de la utopía nacionalista revolucionaria, moralizadora y civilizatoria. Ésta disciplina teórica hasta ese momento pretendió llevarse a la práctica. El alto número de muertes maternas y de infantes causadas por lo que se consideraba una nula vigilancia del embarazo, la presencia de sífilis materna, las inadecuadas condiciones en que se atendía el parto, así como debido a problemas gastrointestinales y respiratorios que afectaban a los niños y a la falta de higiene de las habitaciones, propició la difusión y enseñanza de la puericultura entre las madres y futuras madres.[6]

La higiene y la salud materno-infantil en el Primer Congreso Mexicano del Niño de 1921.

El primer Congreso Mexicano del Niño fue celebrado en la ciudad de México durante la semana del 2 al 9 de enero de 1921 organizado por el ingeniero Félix F. Palavicini, director del periódico El Universal. Su objetivo fue analizar y discutir los múltiples problemas que aquejaban a la infancia y en proponer medidas prácticas para mejorar la salud materno-infantil. Fue inaugurado por el licenciado José Vasconcelos en el anfiteatro de la Escuela Nacional Preparatoria. En él se reunieron representantes de agrupaciones científicas, delegados del gobierno de los sectores sanitario y educativo, representantes de asociaciones privadas, así como particulares interesados en esta temática.[7]

El Congreso Mexicano del Niño condensó una retórica revolucionaria fundamentada en la ciencia, en el cual el niño –futuro ciudadano- fue el foco y motivo de discusión, así como la plataforma de lanzamiento de la eugenesia- puericultura. En este evento, considerado como un santuario científico, los términos degeneración, regeneración y mejoramiento de la raza se hicieron patentes en la Sección de Eugenesia, una de las siete secciones que integraron el Congreso, y desde el cual se presentaron 86 propuestas con la idea de darles un sustento científico y legal antes de ser llevadas a la práctica.[8] En su discurso de presentación, Palavicini exaltó la importancia de la higiene debido a que con ella se podría forjar un pueblo, además de bello, sano y valeroso. Por otro lado, el licenciado Ramos Pedrueza, encargado de la Sección Jurídica, consideró que la protección de los niños, particularmente los de la calle, abandonados o alojados en los hospicios debía verse como un signo de evolución y progreso de los pueblos así como un tipo de apostolado y cruzada moralizadora en nombre de la patria y de la raza.[9] Se insistió en la necesidad de incrementar el número de habitantes debido a que la falta de población podría convertirse en un problema que afectara al desarrollo del país. Asimismo, se concibió la idea de esterilizar a los criminales y a los degenerados, de tal manera que el niño que naciera fuera el nuevo ciudadano que requería la patria, buscando que éste a futuro no se convirtiera en un nuevo criminal.[10]


[1] Este trabajo es parte de uno de los subtemas abordados en el capítulo 2 de mi tesis de Maestría en Historia titulada Instituciones médicas, educación higiénica y puericultura en la ciudad de México, 1876-1930, 2010, y se puede consultar en la Universidad Nacional Autónoma de México.

[2] Francis Galton, citado en Martha Saade, El cultivo racional del pueblo. La Sociedad Mexicana de Eugenesia, 1931-1935, Tesis de maestría en Historia y Etnohistoria, México, Escuela Nacional de Antropología e Historia, 2002, p.13. Etimológicamente el término eugenesia viene de eu que significa bien y génesis que significa engendramiento. Summa Diccionario de la Lengua Española, Barcelona, Océano, 1999, p.434. Otra definición de eugenesia la señala como el estudio y aplicación de las leyes de la genética para el perfeccionamiento de la especie humana favoreciendo la aparición de determinados caracteres o eliminando las enfermedades hereditarias, Diccionario Abreviado del Español Actual, Manuel Seco, Madrid, 2000, p.773.

[3] Beatriz Urías Horcasitas, “Eugenesia e ideas sobre las razas en México 1930-1950” en Historia y Grafía, México, Universidad Iberoamericana, no.17, 2001, p. 172. Cfr. de la misma autora, Historias secretas del racimo en México 1920 1950, México, Tusquets Editores, 2007, p. 105, 107. Cfr. también a Patience A. Schell, “Nationalizing Children through School and Hygiene: Porfirian and Revolutionary Mexico City”, The Americas, April 2004, p. 565.

[4] La puericultura es definida como el conjunto de reglas y cuidados para el mejor desarrollo físico y moral de los niños durante su primera infancia. Diccionario abreviado del español actual, Manuel Seco, Madrid, 2000 p.1465. Etimológicamente el término puericultura proviene del latín puer- niño y cultura- cultivo, que sería la ciencia que trata del sano desarrollo del niño. Suma Diccionario de la Lengua Española, Barcelona, Editorial Océano, 1999, p. 805.

[5] Pinard publicó en 1904 La Puericulture du premier age, obra que fue traducida en México y fungió como libro de texto en las escuelas primarias oficiales. Este médico fue señalado como el impulsor de la atención moderna del parto con la enseñanza práctica de la puericultura prenatal en hospitales y maternidades franceses. En el ámbito obstétrico hasta un pasado reciente se utilizaba en México un estetoscopio denominado Pinard para escuchar los latidos fetales.

[6] De acuerdo al censo de 1921, el país contaba con 14 242 852 habitantes contra 15 160 369 en 1910, es decir hubo una disminución de 918 517 habitantes. Para el caso de la mortalidad infantil en el Distrito Federal, en 1922 era de 16 422 con respecto a 61 523 que correspondía a la mortalidad general, es decir, poco más del 25 %. Por otro lado, se registraron 657 niños nacidos muertos, siendo la sífilis, el nacimiento prematuro, diversas causas no especificadas y otras enfermedades de la madre las principales causas de muerte intrauterina y al momento del nacimiento. Boletín del Departamento de la Estadística Nacional, 2ª época, Año 1, mayo de 1924, no. 11, Estadística Nacional, Revista quincenal, Órgano del Departamento de Estadística Nacional, no.10, 31 de mayo de 1925, p. 5, 9 y el no. 20 del 31 de octubre de 1925, p.7.

[7]Todas las agrupaciones científicas y las dependencias educativas y sanitarias del Gobierno representadas”, El Universal, 3 de enero de 1921.

[8] El total de las ponencias pueden consultarse en las Memorias del primer Congreso Mexicano del Niño.

[9] Antonio Ramos Pedrueza “Reunión por iniciativa individual sin la protección el Estado” en El Universal, 3 de enero de 1921.

[10] Rafael López, “El Congreso el Niño”, Hebdomario de El Universal, 9 de enero de 1921, p.3.

sábado, 12 de marzo de 2011

La higiene y la salud - materno infantil en la ciudad de México durante la primera Semana del Niño de 1921

a


Martha Román Villar.

Durante la década de 1920, la protección de la infancia, particularmente en lo que se refiere a la salud física y mental de los niños, fue parte de un movimiento internacional surgido en el continente europeo y generalizado al resto de los países a raíz de la primera Guerra Mundial. En México, en un contexto de marcado nacionalismo, solidaridad y redención social, los gobiernos surgidos de la Revolución Mexicana (1910-1920) sustentados en los ideales de justicia social plasmados en la Constitución de 1917, buscaron llevar a la práctica esas medidas mediante la difusión masiva de los principios básicos de la higiene. Una de las primeras acciones emprendidas fue la primera Semana del Niño, organizada en la ciudad de México del 11 al 17 de septiembre de 1921 para conmemorar el primer Centenario de la Consumación de la Independencia, y cuyo objetivo fue inculcar entre las mujeres y los niños pobres de la capital la adopción de hábitos higiénicos, así como interesar a los sectores de clases medias y altas por la protección de los infantes.

Al iniciar la década de 1920, médicos, el Estado y la opinión pública otorgaron gran importancia a la salud de la población, particularmente en lo que se refiere a la higiene y a la salud materno- infantil de las áreas urbanas. La preocupación por la alta mortalidad infantil, un problema latente y generalizado durante el siglo XIX y que persistió durante el siglo XX, considerada asimismo como un factor que incidía en menoscabo del crecimiento poblacional fue un eje importante del proyecto de reconstrucción y modernización del país.

Al concluir la fase armada, el nuevo Estado, situado en un proceso de desarrollo capitalista, moderno y civilizador y al mismo tiempo de restructuración política, económica y social, buscó proveerse de individuos sanos, fuertes, vigorosos y aptos para el trabajo que contribuyeran al progreso de país, asimismo, combatir prácticas que se decían nocivas y que representaban un obstáculo para el consabido progreso como eran la inadecuada atención del embarazo y del parto proporcionada por comadronas. En este sentido, inculcar hábitos higiénicos entre la población, concretamente entre las mujeres y los niños de condición socioeconómica baja, fueron aspectos relevantes en el nuevo proyecto de nación.

Estos buenos deseos aparentemente aislados tuvieron gran paralelismo con lo que acontecía en el ámbito internacional. El interés por la protección de los niños y de sus madres, aunque fue esbozado durante el siglo XIX, no fue sino hasta después de la Primera Guerra Mundial cuando se tendió al “florecimiento y la internacionalización de los proyectos pro-infancia” buscando difundir entre los países los avances que en materia de higiene y salud materno-infantil existían, y que fueron adaptados de manera particular al contexto nacional.[1]

Si bien la Constitución de 1917 proveyó el marco legal para normar la salud pública del país y estipuló la protección de la madre trabajadora[2], fue a inicios de la década de 1920 cuando el Estado, revestido de un impulso nacionalista y en vía de institucionalización pretendió llevar a la práctica los principios de justicia social contenidos en la Carta Magna. Sin embargo, debido a la inestabilidad política que aún existía, a la falta de instituciones sanitarias y al precario erario público, las madres, señaladas como las principales responsables de la salud y el cuidado de sus hijos, serían quienes se encargarían de este rubro.[3]

Ante la necesidad de legitimar el nuevo Estado, de resarcir la pérdida de vidas ocasionadas durante la contienda revolucionaria, así como del anhelo de reducir los persistentes índices de mortalidad infantil agravados por el surgimiento de enfermedades endémicas y epidémicas, fue impulsada una empresa de higienización colectiva en la capital.[4] Entre las primeras acciones promovidas por el Departamento de Salubridad Pública (DSP), un organismo que se creó en 1918 para sustituir al Consejo Superior de Salubridad porfiriano, fue la educación de las madres y los niños en materia de higiene. De acuerdo con el doctor Gabriel M. Malda, jefe del DSP de 1920 a 1924, la higiene requería ser ubicada a la altura de los países civilizados “a base de ciencia, aptitud y moralidad”, situando los intereses nacionales sobre los particulares.[5]

Según el censo de 1921, el país contaba con 14 242 852 habitantes contra 15 160 369 en 1910. Es decir, hubo una disminución de poco menos de un millón de habitantes. Con respecto a la mortalidad infantil, ésta fue atribuida a la falta de hábitos higiénicos durante la fase pre y posnatal y natal, así como a la ignorancia de las madres en el cuidado y crianza de los hijos durante los primeros dos años de vida, particularmente en lo que se refiere a su alimentación. Por tanto, había que educar, civilizar y enseñar a vivir a la población “como es debido”, en especial a las madres y futuras madres.[6]

De esta manera, la Semana del Niño inauguró una intensa campaña de propaganda y educación higiénica desplegada en la ciudad de México- después extendida al ámbito nacional durante las siguientes décadas- dirigida a las mujeres y a los niños de todas las clases sociales, con particular énfasis en los de condición socioeconómica y cultural baja, mediante una gama de instrucciones y consejos precisos sobre higiene, crianza y cuidado de los niños. Con ello se esperaba que las madres y futuras madres pudieran asumir su “más sagrado deber” que les confería la sociedad.[7]

Martha Román Villar.

Licenciada y Maestra en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, Sistema Universidad Abierta.

Trabajadora Social a nivel técnico por la Escuela de Trabajo Social del Nacional Monte de Piedad.

Miembro de la Asociación Civil de Historiadores Mexicanos Palabra de Clío A.C.



[1] Susana Luisa Sosenski Correa, El trabajo infantil en la ciudad de México, 1920-1934, Tesis de doctor en Historia, México, El Colegio de México, 2008, p. 28.

[2] Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, México, Imprenta de la Secretaría de Gobernación, 1917. Título sexto. Del Trabajo y de la Previsión Social. Artículo 123, fracciones II, V y XV, p. 93, 94, 97.

[3] Ricardo Pérez Montfort, Estampas del nacionalismo mexicano. Ensayos sobre cultura popular y nacionalismo, México, CIESAS, 1994. Cfr. al mismo autor en Avatares del nacionalismo cultural, México, CIDHEM-CIESAS, 2000.

[4] Claudia Agostoni, “Las mensajeras de la salud. Enfermeras visitadoras en la ciudad de México durante la década de los 1920”, en Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad Nacional Autónoma de México, no. 33, enero- junio de 1007, p. 89.

[5]Gabriel M. Malda, Presentación del Boletín del Departamento de Salubridad Pública, 2ª época, Tomo 1, México, enero-junio de 1921, no. del 1-6.

[6]Adalberto Santín, “Algunas consideraciones sobre el Código Sanitario”, en Boletín del Departamento de Salubridad Pública, 2ª. Época, Tomo I, números del 7 al 12, julio- diciembre de 1921, p. 237.

[7] “The Noblest Profession, “1890-1920” en Rima D. Apple, Mothers and Medicine A Social History Infante Feeding, 1890-1950, The University of Wisconsin Pres, 1987, p. 97. Véase también de la misma autora Contructing Mothers: Scientific Motherhood in the Nineteenth and Twenty centuries, England, The Society for the Social History of Medicine, The Oxford University Press, 1995, p.165

a. Grabado Elvira Gascón 1947.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Presentación del libro. México: Una democracia en construcción.


Bajo el amparo del hermoso Palacio de Minería el viernes 25 de febrero, la Asociación de Historiadores Palabra de Clío presentó su más reciente libro. México: una Democracia en Construcción. Los comentarios estuvieron a cargo del Dr. Raúl Domínguez, el Dr Miguel Soto y el editor Rafael Luna.


El siglo XIX significó para México el periodo de construcción de las instituciones republicanas que le dieron a nuestro país un proyecto de nación. Desde los Sentimientos de la Nación ya se vislumbraba un horizonte democrático que se refrendó en las Constituciones de 1824 y 1857. Y sin embargo el sistema político mexicano no fue muy representativo, ya que en su edificación sólo participaron los grupos sociales y económicos más importantes —burguesía criolla, jefes militares, burocracia mestiza—, dejando fuera a la inmensa mayoría de campesinos y de indígenas que, aun aportando una importante cuota de sangre en los diversos conflictos bélicos del periodo, no tuvieron representatividad ni participación en las decisiones de gobierno.

Así la democracia mexicana durante el XIX se construyó sobre una base que privilegió la estabilidad política y económica, por encima de los intereses de la mayoría; sólo así pudo este país salir avante después de dos invasiones extranjeras, varios golpes de Estado y aun así consolidarse como nación soberana. Los ensayos de este libro revisan algunos aspectos de este difícil proceso que culminó con un movimiento revolucionario del cual nació el México que conocemos.


La construcción de las instituciones democráticas en México ha sido un largo proceso no exento de contradicciones, conflictos y aun de sangre. Desde aquellas elecciones de 1910, que de alguna manera dieron origen a la Revolución —y con ello sentaron las bases del México moderno—, hasta el difícil proceso electoral de 2006, país ha atravesado por diversas formas de gobierno, unas más representativas que otras, a las que sin embargo hemos llamado democráticas. De ahí se deriva que el concepto de Democracia parezca no muy bien definido si no es que confuso; como que la organización periódica de comicios no garantiza que sea el pueblo quien gobierne.

Este libro da cuenta del difícil camino que las instituciones en México han transitado a lo largo del siglo XX para constituir un gobierno representativo, que algún día será democrático porque, como decía Tocqueville, mientras no se defina claramente el concepto de democracia, se vivirá en una confusión de ideas que le dará ventaja a los demagogos y a los déspotas.



(Izq-Der) : Dr. Raúl Dominguez Martínez, Dr. Miguel Soto Estrada, Rafael Luna Rosales, Marco Fabrizio Ramírez Padilla.

El libro incluye los siguientes trabajos:

TOMO I.

La democracia: construcción y devenir

María Estela Báez-Villaseñor.

El concepto de democracia en el surgimiento del Estado mexicano.

Flor de María Balboa Reyna.

País sin democracia.

Marco Fabrizio Ramírez Padilla.

El camino a la democracia en México: representatividad y herencia novohispana.

Claudia Espino Becerril.

Las logias masónicas: primer antecedente de los partidos políticos.

Rafael Luna Rosales.

El motín de la acordada. La democracia fracturada en la primera reelección de México.

María Eugenia Herrera.

La concepción de la constitución de 1857.Antecedentes y redacción.

Raymundo Casanova.

Breve Historia del partidismo católico mexicano en la encíclica Quanta Cura hasta el fin de la influencia de la Rerum Novarum (1864-1923).

Filiberto Romo.

La lucha por consolidar la democracia en el Constituyente de 1917.

Leslie Teresa Mercado Revilla.

Crimen y sucesión. El paso de la Trilogía Sonorense por el gobierno de México (1920-1934).

Yabin Salid Silva Estrada.

El Centro de Estudios Históricos del Movimiento Obrero Mexicano, en el periodo de Luí Echeverría y José López Portillo.

Claudia Rodríguez Pérez.


TOMO II.

A modo de introducción: Historicidad de la democracia.

Raúl Domínguez Martínez.

La izquierda en la democracia mexicana.

Eli Jacob Ramos Galicia.

El Partido Popular Socialista (PPS) y el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM). ¿Partidos Satélite o simplemente “paleros” durante la hegemonía del PRI?

Mauricio Flamenco Bacilio.

Las mujeres y el voto femenino, en 1953.

Olivia Domínguez Prieto.

Democracia Ausente y respuesta social en México 1950-1960.

Sabino González.

De la urna electoral a la palestra política: asomos femeninos en la ocupación de puestos de elección popular. Ciudad de México, 1958-1970.

Adriana Rally Rojas Martínez.

Las guerrillas y su incidencia en el proceso de democratización de la sociedad mexicana (1965-1981).

Sandro Aníbal Brito Rojas.

Organizaciones obreras y su espacio en la política mexicana del siglo XX.

José Díaz García.

Democracia con identificación.

Javier Hernández García.

1988, año de elecciones.

Nuria Galí Flores.

El sexenio de Vicente Fox (2000-2006), visto por los moneros mexicanos.

Viridiana Olmos.





martes, 22 de febrero de 2011

MÉXICO: UNA DEMOCRACIA EN CONSTRUCCIÓN.


La Asociación de Historiadores Mexicanos Palabra de Clío A.C., tiene el gusto de invitarlos a la presentación del libro: México una democracia en construcción. La cual se llevará a cabo en el marco de la XXXII Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería. Auditorio Sotero Prieto Viernes 25 de febrero a las 19:00 horas bajo la coordinación de Estela Baéz y Raúl Domínguez Modera : Rafael Luna.



miércoles, 2 de febrero de 2011

De la falsificación histórica con respecto a la Excomunión de Miguel Hidalgo y las cadenas en internet.


Filiberto Romo Aguilar.

Estamos a punto de terminar el llamado año del Bicentenario. Sin embargo, el día de hoy, 29 de diciembre de 2010, también se conmemoran los 100 años de un evento de suma trascendencia durante esos convulsos años, y sin embargo poco mencionado y valorado. Me refiero a la anulación de la Excomunión dictada por el obispo Manuel Abad y Queipo contra Miguel Hidalgo y sus “secuaces". Anulación hecha el 29 de diciembre de 1810 por Mariano Escandón y Llera, conde de Sierra Gorda y gobernador del obispado de Valladolid, hoy Morelia. Documento que por cierto posee la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (BNAH) y que exhibió entre febrero y marzo de este año.

Respecto a la Excomunión de Hidalgo, este año dio mucho de qué hablar. Justamente el 17 de septiembre de este año llegó mi correo electrónico un mensaje que decía lo siguiente (lo sorprendente es que lo reenviaba un historiador):

La siguiente información es enviada sólo como un dato histórico…

Inicio del mensaje reenviado:


Ahora resulta que la Iglesia Católica S.A. de C.V. dice que Miguel Hidalgo y Costilla así como José María Morelos y Pavón fallecieron en el seno de la Iglesia y como sacerdotes. Creen que todavía nos chupamos el dedo.


La Excomunión de Miguel Hidalgo y Costilla
Por el Sumo Pontífice Pío VII

“Por la autoridad de Dios Todopoderoso, el Padre, Hijo y Espíritu Santo; y de los santos cánones, y de la Inmaculada Virgen María madre y nodriza de nuestro Salvador; y de las virtudes celestiales, ángeles, arcángeles, tronos, dominios, papas, querubines y serafines y de todos los santos patriarcas y profetas; y de los apóstoles y evangelistas; y de los santos inocentes, quienes a la vista del Santo Cordero se encuentran dignos de cantar la nueva canción; y de los santos mártires y santos confesores, y de las santas vírgenes, y de los santos, juntamente con todos los santos elegidos de Dios, lo excomulgamos y anatematizamos, y lo secuestramos de los umbrales de la iglesia del Dios omnipotente, para que pueda ser atormentado por eternos y tremendos sufrimientos, juntamente con Datán y Avirán, y aquellos que dicen al Señor, ¡Apártate de nos! otros! porque no deseamos uno de tus caminos y así como el fuego del camino es extinguido por el agua, que sea la luz extinguida en él para siempre jamás. Que el Hijo, quien sufrió por nosotros, lo maldiga. Que el Espíritu Santo, que nos fue dado en nuestro bautismo, lo maldiga. Que la santa cruz a la cual ascendió Cristo por nuestra Salvación, triunfante de sus enemigos, lo maldiga. Que la santa y eterna Virgen María, madre de Dios, lo maldiga.”

“Que todos los ángeles y arcángeles, principados y potestades, y todos los ejércitos celestiales, lo maldigan. Que San Juan el precursor, y San Pedro y San Pablo y San Andrés y todos los demás apóstoles de Cristo juntamente, lo maldigan. Y ojalá que el resto de sus discípulos y los cuatro evangelistas, quienes por sus predicaciones convirtieron al mundo universal, y ojalá que la santa compañía de mártires, y confesores, quienes por sus santas obras se han encontrado agradables al Dios Todopoderoso, lo maldigan. Ojalá que el Cristo de la Santa Virgen lo condene. Ojalá que todos los santos desde el principio del mundo y todas las edades, quienes se hallan ser los amados de Dios lo condenen; y ojalá que los cielos y la tierra y todas las cosas que hay en ellos, lo condenen. Que sea condenado donde quiera que esté, en la casa o en el campo: en los caminos o en las veredas; en las selvas o en el agua, o aún en la iglesia. Que sea maldito en el vivir y en el morir; en el comer y el beber; en el ayuno o en la sed; en el dormitar o en el dormir; en la vigilia o andando; estando de pie o sentado; acostado o andando; mingiendo o cancando y en todas las sangrías. Que sea maldito interior y exteriormente. Que sea maldito en su pelo. Que sea maldito en su cerebro. Que sea maldito en la corona de su cabeza y en sus sienes, en su frente y en sus oídos; y en sus cejas y en sus mejillas; en sus quijadas y en sus narices; en sus dientes anteriores y en sus molares; en sus labios y en su garganta; en sus hombros y en sus muñecas; en sus brazos, en sus manos y en sus dedos. Que sea condenado en su pecho, en su corazón, y en todas las vísceras de su cuerpo. Que sea condenado en sus venas, en sus músculos, en sus caderas, en sus piernas, pies y uñas de los pies. Que sea maldito en todas las junturas y articulaciones de su cuerpo. Que desde la parte superior de su cabeza hasta la planta de sus pies, no haya nada bueno en él. Que el Hijo del Dios viviente, con toda la gloria de su majestad, lo maldiga, y que el cielo con todos los poderes que hay en él se subleven contra él, lo maldigan y lo condenen.” “Amén. ¡Así sea! Amén”.

Este edicto de excomunión fue dado a conocer al Padre de la Patria el día 29 de Julio de 1811, antes de ser pasado por las armas.

Después de haberme sorprendido por una semana (por que nadie entre un círculo de historiadores lo había desmentido)…envié la siguiente carta:

La siguiente información también solo es enviada como un dato histórico:

Inicio del mensaje No reenviado:

________________

Y ahora resulta que

Anticlericales, Jacobinos y Protestantes S.A. de C. V. nos quieren hacer creer que el Padre Hidalgo y el Padre Morelos no eran Católicos. Por que claro, al ser Excomulgados perdían sus creencias católicas, ¿no?

Ellos sí saben que nos chupamos el dedo.

Tan es así que aun siendo historiadores nos mandan una foto de la colección Harley L. McDevitt sobre la Inquisición Española que se encuentra en la Universidad de Notre Dame, para demostrarnos con el documento a la vista “La Excomunión de Miguel Hidalgo y Costilla Por el Sumo Pontífice Pío VII” lo que sustentan.

Solo que hay un pequeño detalle: el documento fotografiado no tiene nada que ver con el documento sugerido.

El documento retratado ni es una bula de excomunión, ni esta firmada por el Sumo Pontífice Pío VII, ni mucho menos esta firmado al 29 de julio de 1811 o “dado a conocer al Padre de la Patria el día 29 de Julio de 1811

Es un Edicto de comparecencia para “Don Miguel Hidalgo y Costilla, Cura de la Congregación de Los Dolores… “comparecieseis en nuestra audienciafirmado “a 13 dias del mes de octubre de” “1810, firmado por los inquisidores “Bernardo de Prado y Obejero, y D. Isidoro Sainz

¿Y ahora? ¿Qué tiene que ver el documento con el pie de foto?

¿Quién realmente nos quiere hacer de chivo los tamales y para qué?

Suponiendo que

¡¿“La Excomunión de Miguel Hidalgo y Costilla Por el Sumo Pontífice Pío VII”?!

No sea un pie de foto sino un Título del texto que sigue a continuación entonces sí tenemos la chanza completa a nuestra asociación de historiadores. Por que supongo que de eso se trataba ¿no? Que nos riéramos todos con semejante Falsificación Histórica

¿O no?

Bueno, para los que tengan dudas, aún siendo todos historiadores, aclaro tres cosas:

1º.- El Papa Pío VII no podía haber escrito semejante texto.

a) Por que desde julio de 1809 era rehén por confinamiento de Napoleón, primero en Savona, cerca de Génova, hasta 1812 y después en Fontainebleau hasta marzo de 1814.

b) Justamente por que Napoleón había anexado los Estados Pontificios y el Papa Pío VII le había (a este verdaderamente) excomulgado.

c) El pontífice sin embargo ni siquiera a su secuestrador le dedica tan duras palabras como las que aparecen referidas en el presente texto. ¿Qué raro no? ¿Se habrá desquitado con el cura Hidalgo?

2º.- El texto citado ni siquiera cumple con los más mínimos requisitos de seriedad en el aparato crítico.

a) Obviando que no pertenece a Pío VII ¿a quién pertenece?, ¿al obispo local? ¿a D. Manuel Abad y Queipo? Ni siquiera aparece la mas mínima regla de Diplomática Eclesiástica en el texto, no hay Encabezado, no hay Firmantes, no hay Sello (a menos que crean que nos la vamos a tragar que la trascripción corresponde a la foto) pero lo más importante de todo no hay Destinatario. No al menos en la presente falsificación. ¿Dónde dice que el sujeto de tantos y tantos anatemas y maldiciones sea D. Miguel Hidalgo?

b) Ni siquiera se toman la molestia al transcribir semejantes barrabasadas en corregir que en las virtudes celestiales después de los Tronos y Dominios siguen las Potestades no los ¿”Papas”?, y quede que a quién sea que este dirigida la excomunión es mejor que en lugar de apartarse de “nos”? y de “otros”? se aleje de ¡Nosotros! Digo finalmente entiendo que todos los santos lo condenen, pero ¿”todas las edades”? Es la primera vez que me entero que las “edades” también condenan. Ya me imagino como se habrá espantado (más bien reído) el Padre Hidalgo al ver lo que le mandaba el “Sumo Pontífice Pío VII” “antes de ser pasado por las armas”.

c) Para acabar pronto el texto citado ni siquiera es un original del siglo XX es una copia (mal hecha) de un texto del siglo XII llamada “Textus Roffensis” que además ni siquiera esta completo, está editado. Es decir es una interpolación maliciosa para inventar un texto falso de excomunión contra Hidalgo.

3º.- Y respecto al Edicto de Comparecencia del pronto a desaparecer Tribunal del Sto. Oficio o Inquisición:

a) Un Edicto de comparecencia aún bajo amenaza de excomunión es eso una amenaza no una excomunión. Y de hecho hubo cuatro edictos de comparecencia no solo este que se muestra aquí.

b) La verdadera excomunión del Obispado de Michoacán se tuvo que ratificar tres veces por que no quedaba claro si era válida o no.

c) El mismo Padre Hidalgo llamó al Tribunal “respetable, y cuyo instituto es el mas santo” solo que los españoles han prostituido “su honor, y su reputación” (manuscrito de Hidalgo en su primer Manifiesto).

¿Por que no ser honestos y precisos en lugar de andar mandando correos que siguen perpetuando los mitos y las Leyendas Negras con fines ideológicos o religiosos en la Historia de México?

Para valorar correctamente la actuación de la Iglesia ante la Independencia de México sigue siendo necesario un trabajo atento por dejar de lado documentos sin suficiente base histórica para recurrir a aquellos otros documentos que sí permiten un acercamiento adecuado, sin prejuicios ni falsificaciones, a hechos del pasado que han de ser interpretados en su contexto propio, no según la mentalidad de épocas sucesivas.

Y remato con dos citas textuales que considero altamente pertinentes al tema y que deberían de ser divisa de los historiadores profesionales:

“¡No falsifiquéis la Historia, ni con la mejor intención, ni siquiera por patriotismo!”…

“es tan sublime el verdadero patriotismo, como absurda y ridícula es la patriotería, y esta es aun criminal, cuando la usa el maestro para adulterar la verdad histórica y corromper la buena fe de los niños.”

Enrique C. Rébsamen en Guía metodológica para la enseñanza de la historia, México: Librería de la Vda. de Ch. Bouret, 1904, Pág. 48 (las cursivas son originales)

Haciendo eco de Rébsamen y aprovechando que es el mes de septiembre, me despido con un afectuoso y muy patriota, que no patriotero, abrazo para cada todos y cada uno de ustedes. Por que a pesar de todo lo que sucede en nuestro país los que nacimos en este mes seguimos creyendo, quizá por emulación, en los principios libertarios y de honestidad que tuvieron los que forjaron nuestra patria, felicidades a todos los septembrinos.

Desde la trinchera de Infonavit Culhuacán.

Filiberto Romo A.

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Anexos que envíe (para mostrar la falsificación documental e interpretativa)

Imágenes del original del siglo XII del “Textus Roffensis”.

Declaraciones de Hidalgo sobre su Religión

Declaraciones de Morelos sobre el mismo tema.

Propaganda de la Falsificación

El Textus Roffensis una compilación de textos desde el siglo VI al siglo XII. Fue elaborado por el obispo Ernulfo de Rochester (1040-1124). Entre los textos recopilados por el obispo aparece la presente excomunión con anatemas (maldiciones e imprecaciones) por lo que también es conocida como "Excomunión Roffensis" o "Excomunión de Rochester".

Esta clase de excomuniones locales ya no son posibles desde el Concilio de Trento, por lo que es absolutamente absurdo que se le haya leído semejante documento al padre Hidalgo.





Vaya que si creen que nos chupamos el dedo, creen que no sabemos de la existencia del Primer Manifiesto manuscrito de Hidalgo de Noviembre de 1810 donde el Padre literalmente dice:

“Os juro desde luego, amados conciudadanos míos, que jamás me he apartado, ni en un ápice de la creencia de la santa Iglesia católica; jamás he dudado de ninguna de sus verdades; siempre he estado íntimamente convencido de la infalibilidad de sus dogmas, y estoy pronto a derramar mi sangre en defensa de todos y cada uno de ellos.”

Don Miguel Hidalgo y Costilla en Colección de Documentos para la Historia de la

Guerra de Independencia de México de Juan E. Hernández y Dávalos bajo la guía de Virginia Guedea y Alfredo Ávila, Tomo I, México: UNAM, 2007, Número 54, Pág. 1

O del Segundo Manifiesto de Enero de 1811 en donde dice:

No, los Americanos jamás se apartan un punto de las máximas Christianas heredadas de sus honrados Mayores.

Nosotros no conocemos, otra Religión que la Católica, Apostólica, Romana, y por defenderla pura, ilesa en todas sus partes, no permitiendo, que se mezclen en este Continente, Extranjeros que la desfiguren, estamos prontos a sacrificar gustosos nuestras vidas.”

Independencia Nacional. Tomo I. Antecedentes – Hidalgo. Instituto de Investigaciones Bibliográficas. Seminario de Independencia Nacional. UNAM. México. (Primera edición 1986-1987) Segunda edición 2005. Páginas 297-300. Tomado de Hernández y Dávalos, Colección...., vol. 2, doc. 51, pp. 119-120.

Sin embargo el símbolo más poderoso y persuasivo de su catolicismo era con todo la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe que Hidalgo dio a sus seguidores desde el 16 de septiembre de 1810. Pues en su camino de Dolores a San Miguel el Grande, se detuvo a orar en la iglesia de Atotonilco mientras sus seiscientos hombres esperaban en el atrio. Al salir enarboló la única imagen capaz de unir al pueblo para la empresa de la Independencia Nacional. La inscripción que puso en las banderas de la revolución fue:

«Viva la religión. Viva nuestra Madre Santísima de Guadalupe. Viva Fernando VII. Viva la América y muera el mal gobierno».

Don Miguel Hidalgo y Costilla en Colección de Documentos para la Historia de la

Guerra de Independencia de México de Juan E. Hernández y Dávalos bajo la guía de Virginia Guedea y Alfredo Ávila, Tomo II, México: UNAM, 2007, Número 44, Pág. 3

Y por si queda alguna duda sobre de que religión esta hablando Hidalgo léase el Anónimo de 1810 recopilado por Ernesto Lemoine Villicaña:

"Viva la religión católica!, ¡viva Fernando VII!, ¡viva la patria y reine por siempre en este continente americano nuestra sagrada patrona la santísima Virgen de Guadalupe!, ¡muera el mal gobierno!"

Herrejón Peredo, Carlos (2009). «Versiones del grito de Dolores y algo más». En Rafael Vargas. 20/10. Memoria de las revoluciones en México. México: RGM Medios. p. 41.

Y respecto a Morelos, el llegó a ser todavía más claro, si se puede, que el mismo Hidalgo en cuanto a religión:

Desde el 29 de Enero de 1813:

“Morelos condenaba tajantemente toda tentativa de convertir a la insurgencia en un ataque contra los ricos o contra todos los blancos, insistiendo en que los criollos habían sido los primeros en tomar las armas en defensa de los indios y de las castas. Todos los americanos eran hermanos en Cristo. Y concluía:”

“esta igualdad en calidades y libertades en consiguiente el problema divino y natural, y es que sólo la virtud han de distinguir al hombre y lo han de hacer útil a la Iglesia y al Estado”*

Breading, David A., Bolívar y la República Clásica, en Revista Letras Libres Noviembre 1983, Traducción de Tomás Segovia, p.21

*Lemoine Villacaña, Ernesto, Morelos Su vida revolucionaria a través de sus escritos y de otros testimonios de la época, México, 1965, pp.162, 181, 264.

La Religión Católica es incluso un leitmotiv en el caso de Morelos, como puede verse evidentemente en los primeros 4 artículos de su Manifiesto, Sentimientos de la Nación, del 14 de septiembre de 1813:

“1. Que la América es libre é independiente de España y de toda otra Nación, Gobierno ó Monarquía, y que así se sancione, dando al mundo las razones.

2. Que la religión Católica sea la única, sin tolerancia de otra.

4. Que el Dogma sea sostenido por la Jerarquía de la Iglesia, que son el Papa, los Obispos y los Curas por qué se debe arrancar toda planta que Dios no plantó: omnis plantatis quam nom plantabit Pater meus Celestis Cradicabitur. Mat. Cap. XV.”

Lemoine Villacaña, Ernesto, Op. Cit. pp.370 y 371.

Posteriormente en el Acta Solemne de la Declaración de Independencia de la América Septentrional a 6 días del mes de noviembre de 1813 dice:

“queda rota para siempre jamás y disuelta la dependencia del trono español; que es árbitro para establecer las leyes que le convengan para el mejor arreglo y felicidad interior, para hacer la guerra y la paz y establecer alianzas con los monarcas y repúblicas del antiguo continente, no menos que para celebrar concordatos con el sumo pontífice romano para el régimen de la Iglesia católica, apostólica, romana, y mandar embajadores y cónsules; que no profesa ni reconoce otra religión más que la católica, ni permitirá ni tolerará el uso público ni secreto de otra alguna; que protegerá con todo su poder y velará sobre la pureza de la fe y de sus dogmas y conservación de los cuerpos regulares; declara por reo de alta traición a todo el que se oponga directa o indirectamente a su independencia”

Lemoine Villacaña, Ernesto, Op. Cit. pp.424 y 425.

Y para rematar creo que basta leer los artículos 1º, 13º, 14º, 15º, y 17º de la Constitución del 22 de octubre de 1814 en Apatzingán para darse cuenta de si Morelos era o no Católico en sus ideales y cuál era el ideal que proponía como nación, más allá de la supuesta excomunión del Papa que nos mandaron y de las tan temidas excomuniones locales del maléfico tribunal del Santo Oficio, que por cierto estaba ya en sus estertores y agonías, pues ya había sido abolido en 1813 y “revivió” siete años más para ser abolido nuevamente y de manera definitiva aún antes de lograr la Independencia en 1820:

Léase:

“Capítulo I. De la religión

Artículo 1°.- La religión católica apostólica romana es la única que se debe profesar en el Estado.”

Capítulo III. De los ciudadanos

Artículo 13.- Se reputan ciudadanos de esta América todos los nacidos en ella.

Artículo 14.- Los extranjeros radicados en este suelo que profesaren la religión católica, apostólica, romana, y no se opongan a la libertad de la Nación, se reputarán también ciudadanos de ella, en virtud de carta de naturaleza que se les otorgará, y gozarán de los beneficios de la ley.

Artículo 15.- La calidad de ciudadano se pierde por crimen de herejía, apostasía y lesa nación.

Artículo 17.- Los transeúntes serán protegidos por la sociedad, pero sin tener parte en la institución de sus leyes. Sus personas y propiedades gozarán de la misma seguridad que los demás ciudadanos, con tal que reconozcan la soberanía e independencia de la Nación, y respeten la religión católica, apostólica, romana.”

La Propaganda que circula en Internet y en correos electrónicos:



Así las cosas, en el ya casi fenecido año del bicentenario…

Como se puede ver, en la carta original, es tan burda la falsificación, que ni siquiera tuve necesidad de hacer mención del documento que hoy se conmemora:

“Satisfacción que Mariano Escandón da al pueblo cristiano… en los que levantaba la excomunión puesta al Cura Hidalgo”.

Fuentes:

Respecto al “Textus Roffensis” sólo tuve acceso a la versión en línea, fotografiada en su original latino.

Respecto a las declaraciones de Hidalgo y Morelos confrontar citas.

Sobre la propaganda de la falsificación, diversas páginas en línea sobre todo logias masónicas.

Respecto a la satisfacción que Mariano Escandón dio pueblo cristiano el 29 de diciembre de 1810 confrontar:

"El Clero de México y la Guerra de Independencia", en Genaro García. Documentos Inéditos o muy raros para la historia de México. Biblioteca Porrúa No. 60. Editorial Porrúa. México, 2004. Páginas 395-397.