domingo, 20 de julio de 2014

La manera de beber vino en la Grecia clásica.

Dionisio

En el libro  A  History of  World in  6 glasses, Tom Standage   nos  ofrece  una descripción muy  interesante   sobre  el  consumo  del  vino en  Grecia.     Una  de la  característica  más   singulares  era  que  antes de  beberlo  lo mezclaban con agua.  El  colmo  de la  sofisticación  consistía  en  tomar  la mezcla de  vino  y  agua en un  reunión privada  llamada simposio.  Lo  asistentes  se  componían exclusivamente de  hombres  aristócratas,  tenia   lugar  en  un sitio  denominado  andrón (el  salón  de los  hombres).  Sus  muros  se encontraban ocasionalmente decorados con  escenas relacionada  con el  vino. El  uso  de un  salón  en  particular    remarcaba  que el  simposio  era un  evento  especial  en el  que  no  aplicaban  las reglas  acostumbradas.  No  era  raro  que  el andrón  fuera  el  único  lugar  de la  casa con  piso de piedra.

 Asistían al  simposio  normalmente  una docena de   individuos,.  Ninguna  mujer  compartía el  asiento   y  su  presencia  se limitaba  a   participar    como  bailarinas. músicas y     dando  servicio   a las  mesas.
La   ocasión daba  inicio  sirviendo la  comida  sin nada   o muy  poca   bebida, una  vez  que terminaban de comer,   se  limpiaba la mesa   y   se  traía el  vino. En   la  tradición  ateniense  se ofrecían   tres brindis  uno por  los  dioses,   otro por lo  héroes    muertos, en especial por lo  ancestros, y  el  ultimo por  Zeus, el rey  de lo  dioses.  Una  joven    amenizaba tocando     una flauta.  Llevaban racimos de flores  y  hojas de vid,  para  conseguir  la   atmósfera  perfecta  se  procedía a  aplicar    perfume.  Una  vez     puesto el escenario,  solamente  faltaba  comenzar  a  disfrutar de la  bebida y  sus  efectos.

Se    mezclaba el   vino  con  agua en un  gran recipiente llamado krater. El  agua   provenía    de una  jarra  de tres  asas   llamada  hydria.  La cantidad de  agua  agregada  determinaba  la  velocidad con la que  los  asistentes se  emborrachaban. Las proporciones más  utilizada  eran  2: 1,  5:2,  3:1,  y 4:1.  La mezcla de partes  iguales de  agua  y  vino  era  conocida  como vino  fuerte.  En  clima  cálido  el  vino  era  enfriado   adicionándole  nieve.

El beber  cualquier  vino sin agregarle  agua, era  considerado por los  griegos  como un acto   de  bárbaros,  afirmaban  que  beber  vino  sin mezclarlo   volvía a las personas  violentas  e  inclusive los podía llevar a  la  locura. Heródoto cuenta  que  por beber vino sin  agua,  el rey  Cleómenes de  Esparta  enloqueció.


Lo  griegos   creían  que  la mejor manera de hacer   un  buen  uso del   don  de Dionisio  era   beber  con moderación para  mantenerse justo en la línea  entre la  sobriedad y la  ebriedad. El    estado perfecto en  donde  se   goza  de la  libertad del lenguaje ,  y al mismo  tiempo     la preocupación  queda  minada,  evitando  con  un  exceso caer en la  violencia  mostraba   por lo  bárbaros  cuando  bebían.

Eubulo

El  dramaturgo Eubulo  en una  de  sus   obras habla sobre la  cantidad de    copas  que  debían de  servirse:  Para  el    hombre  sensible preparo solamente   tres   copas, la   primera es para la  salud, la  segunda  para el  amor  y el placer, y  la tercera  para dormir. Después de  la tercera el  hombre  sabio    se  va  a  casa. La  cuarta   copa    ya  no es   para  mi ,  afecta  el comportamiento, la   quinta  provoca    los  gritos,  la  sexta  es para  la  grosería y los  insultos, la séptima  sirve a la  pelea, la  octava  lleva a   destruir los muebles, la  novena  es   para  la  depresión,  y la  décima es para   el inconsciente  y la locura.
El  objetivo de  un  simposio era   encontrar  el placer  ya  fuera    de  orden  social, intelectual   o   sexual  en el  perfecto  balance. Para  los  griegos  ese estado  se lograba  a  partir  del ritual  de  mezclar el  vino.    

Stadange,  Tom. A history  of  World  in  six  glasses.  Alker & Company  New  York  2006 

Marco  Fabrizio Ramírez  Padilla

viernes, 18 de julio de 2014

Juan José de Vértiz y Salcedo el novohispano que cambió Buenos Aires.


 Un  dato  poco  recordado en México es  que el   segundo virrey  que   asumió  el  cargo en  el virreinato del Rio de la  Plata, Juan  José de Vértiz  y  Salcedo  nació en la  ciudad de  Mérida  Yucatán en  1718.  Su  padre  fue Juan  José Vértiz  Hontañón , Gobernador de  Yucatán y  su  madre María Violante  de  Salcedo Enríquez de  Navarra.

El  virrey  es  recordado como uno de los  mejores  gobernantes del  sur  del continente.   Fue llamado el  virrey  “de las luminarias” por instalar el   alumbrado público  en Buenos  Aires.Entre  otras  cosas, fundó la   casa de los  niños expósitos destinada  al cuidado de los  menores huérfanos.  La institución se financiaba con los ingresos que le daba la imprenta que Vértiz hizo traer del  Colegio  Cordobés de  Monserrate en 1780. La cual había sido instalada por los jesuitas y abandonada por los franciscanos que se hicieron cargo del establecimiento educativo tras la expulsión del Río de la Plata de la "Compañía". Por  ese sólo hecho  el  virrey  ya  tendría   asegurado  un  lugar en la memoria al  ser considerado el  introductor de la    imprenta  en  Buenos Aires. Además creó la Correccional de Mujeres, el Real Colegio de San Carlos, la Casa de Comedias, conocida como  "La Ranchería", que  era una construcción de madera, espaciosa, con techo de paja e iluminación con velas de cebo. Uno de los objetivos  de la creación del  teatro era  el deseo de inculcar a la juventud el gusto literario y la afición a los espectáculos donde, según el propio Virrey,  los más jóvenes debían tomar conocimiento de los grandes hechos de la historia antigua. "El teatro es la mejor escuela para las costumbres, para el idioma y para la urbanidad general" Sobre el palco escénico, Vértiz había mandado colocar el lema "Ridendo corrigo mores", que significa: "Con la risa corrijo las costumbres". Para completar su obra, Vértiz se las ingenió para constituir compañías de actores con buenos sueldos y privilegios personales.

 También  a él se  debe  el Paseo de la Alameda; se dedicó a reprimir el delito, sanear la ciudad, fomentar la agricultura y la industria; fortificó las fronteras, uniformó y  organizó de  manera   profesional las tropas, creó poblaciones en la Patagonia. Fundó  el  Protomedicado.  Durante    su  gobierno   realizó el primer censo de la  ciudad  contabilizando   37,000  habitantes.

Como   un   hecho verdaderamente  excepcional al concluir su mandato en  1784, el Rey lo eximió del "juicio de residencia" que establecía la ley, dado que su integridad y honestidad eran notorias.

Es   muy  difícil, en la   actualidad   dejar de pensar cuánta    falta nos  hacen    gobernantes   como Juan  Jóse  de Vértiz  en  toda  nuestra  Hispanoamérica.


Marco Fabrizio  Ramírez Padilla





domingo, 23 de marzo de 2014

El parque del Niño quemado.



Marco  Fabrizio Ramírez Padilla.


Cuando el  Circuito  interior  se monta sobre  el Peñón  de los  Baños   a unos cuantos  metros  del aeropuerto,  se observa un  pequeño parque  que  en  principio no tiene  nada  que lo haga  diferente  a  cualquiera de  los otros que  se encuentra  a lo largo y ancho  la  ciudad,  salvo, un  pequeño  monumento  que  le  da  nombre, se trata de  la  representación de   un  niño     cargando a  dos  pequeñas envuelto en llamas.  El parque se  llama  del  Niño  quemado.

Hace  casi sesenta   años  los  habitantes del  Peñón todavía se  referían   al  centro de   la  ciudad  como México,  la  manera  más  sencilla de  transportarse entre lo  dos puntos era a  través del servicio que  ofrecía una linea de  camiones. En   1959 uno de esos  camiones volcó y   comenzó a incendiarse,  algunos  pasajeros pudieron   huir, pero el  fuego  se  propagó   tan rápido que no  todos  tuvieron la  misma  suerte,   unas pequeñas  que  iban  dentro   del  camión  no pudieron  salir, pero para  su  fortuna,  José Luis Ordaz López  un  niño que había  sido testigo   de   la tragedia,  sin  dudarlo  se  lanzó al  rescate de   las menores.  La  heroica  acción libró a  las niña  de una  muerte  segura, pero le  costó  a José  Luis la  vida.





En recuerdo a ese  enorme  sacrificio  el parque lleva  oficialmente  el  nombre de  "Niño  quemado"Un  ejemplo     digno de  recordar, en  especial en  los  presentes   momentos  que nos  hacen  tanta  falta  conocer de personas  dispuestas   a   hacer algo     desinteresado  en  favor  de los  demás.

 Normalmente  los   espacios públicos son   designados sin ningún  pudor  con   nombres  de    funcionarios o políticos, que  al  no   haberse  ganado un  lugar en la memoria colectiva  por su adecuada  gestión o  el manejo cristalino  de lo fondos públicos,  quieren  dejar   huella  a  costa  de nuestros  espacios.  Por eso da  gusto  saber  que  por lo menos  un  parque se  salvo de ser  manchado  con el nombre de un  político.
   Aunque  para ser  sincero  me hubiese gustado más, que   en lugar  de  Parque del  Niño quemado se hubiera llamado simple  y  sencillamente  Parque  José Luis  Ordaz  López. como claro e  inequívoco  homenaje  a  tan inusual  persona.







jueves, 6 de marzo de 2014


Ética analógica para la enseñanza de la Historia en el bachillerato
Mauricio Flamenco Bacilio
Este texto surgió dentro del curso de Ética de la Educación con el Doctor Mauricio Beuchot Puente. En él se expone acerca de la función de la ética como rama de la filosofía dentro del desenvolvimiento docente, de manera más específica en la enseñanza de la historia en el nivel medio superior. Ciertamente la ética resulta fundamental para el buen desenvolvimiento de cualquier actividad profesional; en el caso de la didáctica la ética analógica se deriva de la hermenéutica analógica, donde se busca mediar a través de la prudencia entre lo unívoco y lo equivoco de los entornos sociales donde se desenvuelven tanto los jóvenes estudiantes como los docentes. Del mismo modo, el docente debe ser un icono o ejemplo a seguir. En cuanto a la didáctica  de la Historia, se debe retomar el deber moral de estudiar el pasado para comprender el presente, así como de buscar un discurso historiográfico incluyente para todos los sectores de la sociedad.

            El texto completo se encuentra en el libro: Estadios en el camino de la hermenéutica analógica coordinado por Napoleón Conde Gaxiola y editado por Torres Asociados.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Eric Hobsbawm. Fractura y tiempo


Isnardo Santos
“Predecir tendencias sociales, 
es en un sentido, más fácil que predecir acontecimientos”
Eric Hobsbawm, 1981


Eric Hobsbawm falleció en Londres, Inglaterra, el 1 de octubre de 2012 a la edad de 96 años, historiador Británico de orientación marxista y uno de los últimos pensadores totalizantes del siglo XX. La extensa obra del reconocido autor se formó a lo largo de décadas de experiencia docente y de investigación universitaria. Educado primeramente en Berlín hasta los años de la adolescencia, en que su condición judía  lo obligó a migrar a Inglaterra, se doctoró en historia en el King's College, Cambridge. Su formación marxista y su apego al Partido Comunista provienen, sin embargo, de sus años de adolescencia vividos en Alemania. Hobsbawm fue uno de los últimos sobrevivientes de la primera generación de historiadores marxistas Británicos, aunque algunos autores han negado tal condición y reprochan su paulatina “derechización” (Alan Woods, 2012). Lo cierto es que Hobsbawm jamás dejó de definirse dentro del marxismo (How to Change the World)
            Sería difícil definir su trabajo en una línea particular de investigación, pues sus indagaciones van desde trabajos sobre la Revolución Industrial (Industry and Empire, 1968), movimientos sociales (Primitive Rebels, 1959); arte (Behind the times, 1998); música (The Jazz Scene, 1988); tradiciones (The invention of tradition, 1992); teoría (On History, 1997); política (For a Rational Left: political writing, 1988); ideas (How to Change the World: Tales of Marx and Marxism 1840-2011, 2011); historia universal (The Age of Extremes, 1994); autobiografía (Interesting Times: a Twentieth-century Life, 2002); hasta lo que podríamos definir como “futurismo histórico”(Fractured times, 2013).  
            Sin embargo puede distinguirse que el objeto central en la obra de Hobsbawm es el origen y desarrollo del mundo moderno. Dos eventos marcan para Hobsbawm el punto de partida de nuestra contemporaneidad: la Revolución Industrial y la Revolución Francesa. La primera es el obligado referente del cambio económico y, por ende, de una transformación en la organización social e internacional (Industry and Empire). La segunda, representó para el infatigable historiador, el arranque de los nuevos paradigmas políticos que transformarán la organización de los Estados-nacionales en el mundo occidental (Echoes of the Marseillaise).
            Su zona marxista y su formación como historiador económico le proporcionaron una herramienta imprescindible: el apropiado manejo del tiempo. Este timing histórico lo acompañará en todas sus obras y en la mayoría de sus reflexiones. El tiempo se presenta en Hobsbawm como un elemento continuo, que inevitablemente manifiesta fracturas, dobleces (The Age of Extremes), a través de los cuales el historiador está en posibilidad de definir nuevos marcos y horizontes para explicar los sujetos sociales y la naturaleza de los procesos históricos. De hecho sus estudios sobre las sociedades campesinas y obreras se concentran en momentos de ruptura, de cambio o de transición. Primitive Rebels, primero, y Bandits, después, son claros ejemplos de estudios sobre sociedades humanas ubicados en los umbrales; entre la desaparición de las sociedades agrarias tradicionales y la implantación de un moderno sistema capitalista. Por esta razón es tan vistoso y sugerente su modelo sobre los bandidos sociales, ya que para Hobsbawm el fenómeno del bandidaje no es privativo de una región en particular, sino que descubre que se reproduce en diferentes Estados y áreas geográficas de Europa y América, lo que se explica por la transición que supone la adopción de un nuevo sistema productivo (Capitalista) frente a la resistencia de los grupos tradicionales.
            Su selecto sentido del tiempo se manifestará en una serie de obras de síntesis histórica, la tetralogía sobre las “Eras”. The Age of Revolution: Europe 1789-1848, (1962); The Age of Capital, 1848-1875, (1975); The Age of Empire 1875-1914, (1987) y The Age of Extremes: the short twentieth century 1914-1991, (1994). A la que podría sumarse una quita obra, que aborda el incipiente siglo XXI, Essays on Globalization, Democracy and Terrorism, (2007). En estos trabajos Hobsbawm demuestra una maestría insuperable en el uso del tiempo diacrónico y sincrónico. Las obras cumplen con la ambición de la escuela de los Annales ―a la que era afín Hobsbawm (On History, 1997)― de realizar una historia “total”, ya que sus trabajos exponen no solo la estructura económica y política de los diferentes estados nacionales en el mundo, sino que elabora destellantes análisis sociales y culturales en cada fracción del tiempo. Al estudio del tiempo largo suma las coyunturas locales, nacionales y estatales de un apenas dibujado “sistema” mundial. 
            Su privilegiado uso del tiempo histórico llevó a nuestro autor a romper la barrera del tiempo fáctico. Como buen marxista, y con el dominio del cambio histórico, Hobsbawm se aventuró a lo que él mismo denominó la “prognosis” en la historia. En un artículo titulado “Con la vista puesta en el mañana: la historia y el futuro”, publicado en 1981, en la New Left Review, Hobsbawm hizo una dilatada reflexión sobre el potencial de la predicción en el historiador. El punto era nodal, si la justificación de la historia era su carácter tridimensionalidad; pasado, presente y futuro, siendo el pasado y, hasta cierto punto, el presente objetos de su análisis, ¿qué había del futuro? Para Hobsbawm la historia estudiaba “realidades”, hechos que no estaban ajenos a nuestro presente, plantear escenarios a futuro, por ende, representaba solo una posibilidad para el historiador y una función adicional de la historia.
En su libro póstumo Fractured times podemos leer a un Hobsbawm analizando la “realidad” cultural (presente) del mundo occidental, pero con la tentativa de mirar más lejos, hacia dónde vamos. Como si el historiador del siglo pasado quisiera hurgar con la profundidad de su mirada histórica en los derroteros de las sociedades en formación.  
Obviamente esta invitación a aproximarnos al futuro no la realizó Hobsbawm de forma irresponsable, ni la efectuó en apego a la desatada ficción. Nos propuso, en cambio, emplear las herramientas de la historia social y económica para poder verificar “tendencias”. La herramienta provista para el historiador, para acceder a este tipo de análisis, es su privilegiada vista panorámica, del uso de la perspectiva económica y la formulación prospectiva de posibles escenarios sociales, donde el “accidente” no está exento. ¿De qué le sirve esto al historiador? Pregunta difícil de responder, pero  para Hobsbawm el plantear escenarios tiene que ver con la condición activa del historiador, de la incidencia que pueda tener en los acontecimientos, él mismo fue un actor político. El “pronóstico”, como cualquier jugador de ajedrez lo sabe, ayuda a decidir sobre el siguiente movimiento en el tablero, por ende sería en este punto en el que la historia cumple con su cometido original, lo que dotaría de la capacidad de planeación y prevención a las sociedades. Esta fue seguramente la última jugada predictiva de uno de los más trascendentales historiadores del siglo pasado.
Gallego, Marisa, Eric Hobsbawm y la historia crítica del siglo XX, Madrid: Campo de ideas, 2005.
Hobsbawm, Eric, Un tiempo de rupturas. Sociedad y cultura en el siglo XX, Trad. Cecilia Belza, México: Paidós/Crítica, 2013.
--------------, Guerra y paz en el siglo XXI, Trad. Beatriz Equibar [et.al], Barcelona: Crítica, 2007   
--------------, Sobre la historia, Trad. Jordi Beltrán, Barcelona: Crítica, 1998.
--------------,  Años interesantes. Una vida en el siglo XX, Trad. de Juan Rabasseda-Gascó, Barcelona: Crítica 2003.
--------------, Historia del siglo XX, 1914-1991, Trad. Juan Faci [et.al.], Barcelona: Crítica, 1995.
Woods, Alan, “Hobsbawm fue un marxista?”, en In defence of marxism,19 de octubre 2012: http://www.marxist.com/was-hobsbawm-a-marxist-1.htm

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Tres Reglas Fundamentales Para Comprender a Carlos Marx.

Tres Reglas Fundamentales Para Comprender a Carlos Marx.

Flor de María Balboa Reyna.

Para estudiar a Marx es preciso seguir una serie de lineamientos fundamentales que nos alejen del equívoco, la confusión y los errores que comete quien intenta el conocimiento del tema a través de la extensa profusión de “autores marxistas.” [1]
1. La teoría marxista es el discurso más difundido en la historia de las ciencias sociales, pero justamente por ello es la teorización más distorsionada de los discursos disciplinarios. Es preciso distinguir entre Marx y  el marxismo: El pensamiento de Carlos Marx creo una extensa y diversificada escuela; justamente por eso, conocer a Marx implica leerlo directamente.
El pensamiento marxista tiene una divulgación tan amplia a nivel planetario, y a través del tiempo que  -quizás por ello- ha sufrido un sinnúmero de deformaciones. Tantos intérpretes y exégetas, tantos estudiosos y analistas han conseguido crear una incomprensible y deforme “amalgama” del pensamiento de Carlos Marx. En medio de tantos autores que desean explicarlo son quizá los peores aquellos que pretenden enseñar la concepción de Marx a partir de su simplificación. Precisamente porque el discurso es complejo, es necesario tratar de comprenderlo en su formulación básica –a través del conocimiento de su aparato conceptual- y a continuación, en el paulatino entendimiento de su andamiaje teórico para tratar de captar posteriormente su sistema categorial. Habría -como dice Gramsci- que elevar la cultura de las masas, y no deformar la cultura para que éstas puedan comprenderla.

2. Es preciso distinguir la filosofía marxista del marxismo.
Por lo anteriormente señalado, conocer la filosofía de Marx, marxista o marxiana (algunos pensadores distinguen entre la concepción marxista como el pensamiento de sus seguidores, y marxiano como el pensamiento del propio Carlos Marx). Conocer el pensamiento de Marx significa acudir a la fuente de la que abrevan todas las escuelas y corrientes de pensamiento que o bien lo continúan o bien lo deforman, es preciso -como decían los antiguos- acudir a las fuentes “Ad Fontes”.  Para conocer el discurso de Carlos Marx es preciso acceder a la obra de Marx, intentar un diálogo directo con el autor, solicitar la explicación, insistir en el aprendizaje, exigirle su enseñanza, tener paciencia, perseverar y no tomar “atajos intelectuales”, caminos errados que a la postre pueden significar el desvío no sólo de la heterodoxia sino de la falsedad. Es necesario quedarse con Marx y estudiarlo profundamente para entenderlo. Por ejemplo, es preciso asumir que no se puede comprender a Marx a través de Lenin, son dos autores diferentes con dos discursos distintos en dos circunstancias históricas diversas.

3. Es preciso dejar de identificar el discurso crítico de Marx acerca de la dinámica capitalista, con el proyecto político del comunismo y con la objetividad histórica del socialismo real.  Marx es un científico social  y su discurso se encuentra fundamentalmente en su obra El Capital.  Es preciso distinguir perfectamente entre el análisis crítico que Marx realiza acerca del desarrollo capitalista, con el proyecto socio-político del comunismo y con (algo que históricamente está absolutamente fuera del alcance, previsión y responsabilidad de Marx) el sistema establecido en la Unión Soviética después de la revolución bolchevique, llamado socialismo real y que tiene a mediados del siglo XX una enorme expansión en el cuál se impone el socialismo hacia otros países formando el llamado “bloque socialista”.
Primero tenemos que discernir el estudio crítico en el cual Carlos Marx, a partir de una vasta y trascendente investigación, realizada desde una perspectiva científica, define al modo de reproducción mercantil capitalista como un desarrollo social autodestructivo.  Éste modo de reproducción social no puede avanzar sin sacrificar sistemáticamente al sujeto social y depredar invariablemente a la objetividad natural.  Ésta exposición, la encontramos en los siguientes textos: Elementos Fundamentales de la Crítica de la Economía Política, Historia Crítica de la Teoría de la Plusvalía pero de modo fundamental en su obra máxima: El Capital. “ Por tanto, la producción capitalista sólo sabe desarrollar la técnica y la combinación del proceso social de producción socavando al mismo tiempo las dos fuentes originales de toda riqueza: la tierra y el hombre.” [2]
Ahora bien, el discurso que Marx elabora en el Manifiesto Comunista, constituye un discurso de orden político, donde se hace una clara instigación a la subversión, de ahí el tono de arenga que se sostiene durante todo el texto. Constituye una alocución, un manifiesto de partido, se afirma el fin del capitalismo a partir de la rebelión mundial de la clase obrera. En ésta proclama, se prefigura el comunismo  como un proyecto de reproducción social, como un programa de acción a considerar hacia una sociedad futura: Se trata de un nuevo modo de reproducción social desplegado a partir de la creación de nuevas condiciones de orden infraestructural en torno al incremento de las capacidades humanas, al avance de las fuerzas productivas, al desarrollo de la ciencia, al progreso tecnológico y a la opción –hasta ahora evadida-  de actualizar plenamente la racionalidad humana, para construir un nuevo sistema donde el objetivo sea la reproducción social, no la reproducción del capital. “…toda esta sociedad burguesa moderna, que ha hecho surgir como por encanto tan potentes medios de producción y de cambio, se asemeja al mago que ya no es capaz de dominar las potencias infernales que ha desencadenado con sus conjuros”[3]
Debemos discernir claramente la naturaleza completamente distinta de ambos planteamientos: uno de ellos, a pesar de su conspicua estructura y prolijo desarrollo es un manifiesto de partido, un llamado  a la revolución, por tanto un texto político. En cambio los otros libros a los que se hace referencia constituyen la exposición de una investigación científica elaborada a partir de laborioso y prolongado examen del proceso histórico que dio lugar al capitalismo, y del minucioso y profundo análisis de este modo de reproducción social. Debemos distinguir  ambos discursos para evitar equívocos. El comunismo no es un sistema al que se va arribar de modo predeterminado, el comunismo es un proyecto, el plan a seguir por una sociedad de hombres brillantes a partir de una infraestructura idónea, el comunismo es el sueño de Marx.

Por último, es preciso evitar la identificación  del discurso crítico de Marx con lo ocurrido de modo concreto en la Unión Soviética.  A pesar de que Lenin haya asegurado que su discurso era marxista-leninista se requiere diferenciar ambos autores y por supuesto dilucidar las significaciones de sendos discursos.   Quien lea a Marx se dará cuenta de que existen más diferencias que similitudes:  Marx era fundamentalmente un filósofo, un científico social;   Lenin era un líder, un revolucionario, el “marxismo-leninismo” es la interpretación de Lenin acerca del discurso de Marx, pero es preciso leer a Marx para percatarse de que los sucesos que tuvieron lugar en la Unión Soviética y en el Bloque Socialista llamado Socialismo Real no se encuentran como premisa teórica ni como consecuencia lógica en los textos que conforman el discurso de Carlos Marx .
1.    La revolución que Marx y Engels esperaban era un estallido que aparecería en un país avanzado, porque se requería el andamiaje técnico, productivo, científico y tecnológico de un capitalismo desarrollado. “…cuando el trabajo no sea solamente un medio de la vida, sino la primera necesidad vital; crezcan también las fuerzas productivas y corran a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva, sólo entonces …la sociedad podrá escribir en su bandera: De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades”. [4] La revolución bolchevique de Lenin ocurre en Rusia, que a principios de siglo se configura como un país semi-feudal, la industrialización en la Rusia socialista, después Unión Soviética, transcurre a marchas forzadas y a través de jornadas intensivas y extenuantes para la población trabajadora.
2.    La revolución que Marx y Engels promovían era una insubordinación de la clase obrera, como clase que tiene la misión histórica de llevar a cabo la destrucción del sistema capitalista. “De todas las clases que hoy se enfrentan a la burguesía, sólo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria…” [5] Esto tiene el sentido de que para Marx el proceso productivo se lleva a cabo por los trabajadores, que son los que tienen el conocimiento técnico básico de la producción, y por otro lado constituyen la clase que lleva en su propia cotidianeidad la contradicción de ser la clase creadora de la riqueza aunque no sea la consumidora de ella: la contradicción básica de esta sociedad es que los productores no consumen y los consumidores no producen; en tanto que  el ejército rojo de Lenin esta formado fundamentalmente de campesinos.
3.    La revolución proletaria tendría lugar de modo nacional inicialmente, y luego se extendería mundialmente, de ahí la frase “¡Proletarios de Todos los Países Uníos!” [6]

Algunos Prolegómenos al Discurso de Carlos Marx:
Marx y Engels sostienen en La Ideología Alemana, que las premisas de la historia son hombres produciendo en condiciones materiales de existencia: “La primera premisa de toda historia humana es, naturalmente, la existencia de individuos humanos vivientes, El primer estado de hecho comprobable es, por tanto, la organización corpórea de estos individuos y, como consecuencia de ello, su comportamiento hacia el resto de la naturaleza.” [7] Aquello que constituye la primigenia y elemental posibilidad de vida humana es un conjunto de seres humanos (tribus, clanes, sociedades) que llamaremos Sujeto Social, cuya cohesión se establece en una vida común, actualizada primitivamente como sobrevivencia y posteriormente como estilo de vida cotidiano.  Los miembros del sujeto social comparten el esfuerzo de sobrevivir en condiciones de escasez, de peligro ante una naturaleza hostil, una intemperie inhóspita, un medio animal salvaje, y sobre todo un conocimiento incipiente, un acervo cultural precario, una pedestre experiencia. Una de las ideas centrales del pensamiento marxista es que el hombre no nace en el mundo tal cual lo conocemos en la actualidad, es un animal que debido a su racionalidad evoluciona continuamente, transformando la naturaleza y transformándose a sí mismo, auto-transformándose. 
El Sujeto social se crea a sí mismo, se auto-construye como ser humano, a lo largo de la historia, a partir de su relación con el medio natural, pero sobretodo a partir de la interacción del hombre con el hombre, de su interrelación social. A diferencia de los animales, cuyo proceso de reproducción implica un proceso de transformación, de orden intuitivo y por tanto secular; el hombre establecerá una acción en la objetividad natural que se distinguirá por ser una actividad racional que se llamará trabajo. En efecto,  las abejas crean panales, las hormigas modifican la objetividad natural en forma de hormigueros, pero dado que la transformación está siendo guiada por el instinto entonces siempre será la misma, de modo semejante para la especie. Sin embargo  el sujeto social, dotado de una capacidad de reflexión, lleva a cabo una transformación previamente planificada. Es decir, actualiza un proyecto que con antelación a su actividad prefiguró mentalmente. Ello es lo que caracteriza un proceso de trabajo. La diferencia dice Marx entre un panal geométricamente perfecto y la barda más deforme de un inepto albañil se debe a que transformación en éste último fue previamente planeada.   “Mientras permanezca trabajando, además de esforzar los órganos que trabajan, el obrero ha de aportar esa voluntad consciente del fin al que llamamos atención.” [8] Esta idea del trabajo humano constituye una visión ontológica desarrollada por Carlos Marx siguiendo la concepción aristotélica de que el hombre es un ser teleológico (es decir que procede por fines). Para el genio de Estagira, el hombre elige un fin,  persigue un “telos” (en griego, “telos” significa fin), y trata de encontrar los medios para conseguir su objetivo. Según Carlos Marx éste proceso que es real en cada uno de los seres humanos, se convierte en un proceso de orden colectivo entre comunidades humanas.
De acuerdo con lo anterior, cada sociedad crea su propio modo de producción, es decir, el sujeto social establece, mediante un acuerdo colectivo, la manera de enfrentarse a la objetividad natural para transformarla. Dicho acuerdo se configura como un proyecto de reproducción social. Justamente porque el tiempo de estas sociedades están signadas por la escasez, determinan: el qué, el cómo y el cuánto producir, el qué, el cómo y el cuánto distribuir y finalmente el qué, el cómo y el cuánto consumir. Es decir, a través de un proyecto de reproducción social, se define la conciliación entre las capacidades productivas de la población con las necesidades de consumo de la misma.  Ello establece una práctica común, previamente elegida por la comunidad, que produce y reproduce su actuación de modo continuo y con ello genera no solamente un modo de producción, sino también una definición de ser social, “Lo que son coincide, por consiguiente, con su producción, tanto con lo que producen como con el modo cómo producen”. [9] Desde la perspectiva fundante del ámbito económico, lo esencial es el modo en que estas comunidades se reproducen, el modo en que establecen su manera de producir y consumir, así como la forma de distribución adoptada. “Nos encontramos, pues, con el hecho de que determinados individuos, que, como productores, actúan de un determinado modo, contraen entre sí éstas relaciones sociales y políticas determinadas”. [10]   Nos encontramos con una población determinada existiendo (y reproduciendo su existencia) en determinadas condiciones materiales de orden natural, condiciones que tienen que ver con un entorno geográfico-climático,  de naturaleza generosa o avara, de escasez o prodigalidad. 
Cada comunidad (tribu o clan), como conglomerado social, como conjunto de individuos o como sujeto social. Toda vez que el sedentarismo implica el establecimiento del sujeto social en un cierto territorio a partir de ciertas circunstancias naturales que permiten su sobrevivencia y reproducción, la tierra como su “laboratorium natural”, diría Marx en los Elementos Fundamentales para la Crítica de la Economía Política de 1859, se convertirá en su tierra, en un contexto físico-natural que circunda y enfrenta en tanto objeto a la sociedad en tanto que sujeto.  Ésta correlación orgánica que constituye la básica interrelación dialéctica –contradictoria pero operativa- entre el sujeto y el objeto en términos generales, y en términos particulares entre un sujeto social determinado y una objetividad natural determinada, son no solamente las premisas de la historia, sino la contradicción más importante para la dialéctica, como método y como filosofía. Es decir, el sujeto social es también una objetividad natural porque  como todos los animales, es un organismo biológico; luego también es naturaleza, que comparte el destino de todo sistema vital de nacer, crecer reproducirse y morir, pero al mismo es diferente de la objetividad natural porque posee una racionalidad que lo distingue de todos los animales. La relación Sujeto-Objeto implica entonces una correlación, interacción orgánica de recíproco condicionamiento. El sujeto social es a un tiempo igual y diferente a la objetividad natural que constituye su contexto; ahora bien el sujeto social es capaz de transformar una realidad natural que aunque configurada como factualidad ante el sujeto es susceptible de modificación continua. Ahora bien, habida cuenta de que ésta objetividad natural es asumida por el sujeto social como entorno vital, éste forma un espacio en el cual desarrolla su actividad reproductiva, entonces el sujeto social aprenderá a transformarla de acuerdo a sus necesidades e intereses, en concordancia con sus fines. Previamente a su actuación práctica tendrá un programa de acción teórico. El hombre como ser genérico, planificará su actividad transformadora, ésta es la simiente del progreso, el sujeto tiene un modelo de actividad que orienta la realización de la misma, por lo tanto su actividad práctica siempre superará la anterior, porque ésta será premisa de un nuevo proyecto de acción a seguir.  La actividad  transformadora del sujeto no será la reiteración secular del mismo proceso interminablemente repetido en el reino animal cuya guía de acción es intuitiva: el momento de sorprender a la presa para devorarla, el acecho análogo del predador ante su víctima, el  capullo siempre semejante, etc.  El curso de lo natural va a ser permanentemente alterado por la actividad humana: todos los animales transforman a la naturaleza para su reproducción, pero sólo el hombre en tanto que animal racional es capaz de llevar a cabo una transformación proyectiva, y con ella su práctica diaria de producción y consumo, un trabajo cíclico que corresponderá a su ciclo vital reproductivo como práctica productiva-consuntiva  cotidiana. La historia de la humanidad y la historia de cada uno de los pueblos del mundo es la historia de esta forma diferente y específica  de enfrentar el medio ambiente, de luchar por la existencia, de unirse contra un clima inhóspito, de cohesionarse contra animales salvajes, de compartir el denodado afán de sobrevivir.
El hecho de que la acción transformadora del sujeto social en la objetividad natural se configura como trabajo tiene que ver también con el hecho de que el hombre es el único animal que emplea una mediación objetiva que forma su posibilidad, necesidad, facilidad, comodidad entre él mismo y la naturaleza: nos referimos a la fabricación de instrumentos. Siguiendo a Benjamín Franklin, Marx va a decir que el hombre es un “toolmaking animal”, un creador de herramientas. “El uso y la fabricación de medios de trabajo, aunque en germen se presenten ya en ciertas especies animales, caracteriza el proceso de trabajo específicamente humano”. [11] El instrumento como elemento funcional y elemento fundamental de la técnica, va a ser factor de perfeccionamiento continuo, y la impronta de la tecnología. Las diferentes épocas históricas tienen que ver con las competencias técnicas del ser humano en el manejo de los diferentes materiales que utilizó en la configuración de su mundo material.
Para Marx el hombre no es sólo un ente racional, la racionalidad sólo es parte de sus potencialidades, una de las más importantes es la acción, (también para Hegel la definición de sujeto tiene que ver con el concepto actividad) pero en Hegel la actividad se refiere a la acción de la inteligencia, a  la actividad del pensamiento. Para Marx tiene que ver directamente con la acción material, la acción artística, la acción social, la acción política, la acción científica, la acción investigativa etc. Cada una de ellas presupone un proyecto, un diseño teórico. La acción transformadora surge de la actividad del pensamiento, las ideas inspiran las acciones, las provocan, las generan, las encauzan, vehiculan y dirigen. Pero al mismo tiempo –y dialécticamente-, el pensamiento surge de su interacción con la objetividad material, es la actividad práctica la que despierta las ideas, la que acucia y aguza  el pensamiento, el que da lugar a los proyectos, los programas, la planeación de objetivos y elección de fines.
Ahora bien, el sujeto social constituye una comunidad, conformada por miembros que interactúan entre sí, que se relacionan y enlazan en todos los niveles de la vida social: en el plano económico en el político y en el cultural. Ésta correlación entre sujetos implica en principio un enlace para la actividad productiva que requirió el ejercicio del pensamiento y el fundamento de la comunicación. Si nos imaginamos el esfuerzo de la sobrevivencia como un concurso de fuerzas “concours de forces”, entonces tenemos que pensar en una comunidad fuertemente cohesionada. Se asume la existencia de una comunidad de intereses, con un proyecto común y con unos objetivos semejantes. Se sabe que el concepto de individuo surgió históricamente hasta la sociedad griega de los primeros filósofos de Atenas (Siglo VII-VI a.c.) Previamente no existía la idea de individuo, el ser humano se auto-concibe parte de la comunidad. El establecimiento de la diferencia constituye una nueva dialéctica entre el individuo y la sociedad, el primero es parte de la segunda, pero se diferencia de ella, en el momento en que se auto-conoce como distinto de la comunidad.
En la comunidad, los hombres transforman y su transformación entraña e implica un pensamiento, pero el pensamiento tuvo que ser compartido, recuérdese que el trabajo colectivo requería un proyecto común, que tuvo que ser transmitido, comprendido y aceptado por los colaboradores de la acción conjunta actualizadora del proyecto, por lo tanto el sujeto forjó un código comunicativo, ahora bien, tener un lenguaje significa tener un sistema de conceptos o ideas; por otro lado, pensar implica enlazar ideas: si consideramos que lo fundamental en ésta relación es la actividad comunicativa, entonces tendremos ya una nueva tríada dialéctica: el hombre en tanto constructor (homo faber) es al mismo tiempo un hombre que diseña modelos de acción (homo sapiens) y es también, al mismo tiempo un hombre que se comunica socialmente, es decir, un “homo loquens”. Éstas facultades se fueron desarrollando de modo histórico por parte del ser humano y también forman parte del progreso de la humanidad.
La existencia humana en Marx, -como en Aristóteles. Tiene que ver con la dirección de los fines. Marx, siguiendo a Aristóteles declara que el hombre es un ser “teleológico”, su “telos” es el elemento decisorio y vehiculante hacia la forma de vivir su vida, como metas a lograr.
Todo ello da lugar, de modo gradual, por lo tanto, a ciertos hábitos y costumbres heredados; por otro lado, éstas sociedades tienen en común ciertas características físicas de orden étnico, que los identifica en cuanto comunidad y los diferencia de otras entidades. Todo ello coincide en la conformación de una figura de socialidad, dentro de la cual tiene cabida la dimensión cultural: un código comunicativo, una forma de pensamiento, una manera de interpretar la realidad, es decir, una concepción del mundo. “Y lo mismo ocurre con la producción espiritual, tal y como se manifiesta en el lenguaje de la política, de las leyes, de la moral, de la religión, de la metafísica, etc., de un pueblo. Los hombres son los productores de sus representaciones, de sus ideas, etc.” [12]
Marx afirma: el hombre transforma, luego existe, su pensamiento define su transformación, luego define su existencia. su existencia está garantizada por su proceso productivo pero la forma, la caracterización de tal acción, tiene que ver con su definición existencial.
Cada hombre elige su existencia, su praxis, su actividad cotidiana en cuanto trabajo. A partir de una jerarquización estatutaria, puede elegir –o no- dedicarse a una actividad u otra. Puede elegir quizás una profesión o un modus vivendi. Elige sus relaciones, sus amistades; al cumplir cierta edad puede elegir abandonar a su familia o estrechar lazos fraternales o parentales.
Lo importante es que la cotidianeidad de una sociedad se establece dentro de una objetividad natural que es continuamente modificada a través de una  actividad transformadora consciente, que persigue fines previamente seleccionados de acuerdo a su propia concepción del mundo:  “La historia de los seres humanos sigue un camino y no otro como resultado de una sucesión de actos de elección tomados en una serie de  situaciones concretas en las que la dimensión cultural parece gravitar de manera determinante.”[13]
Asimismo,  cada sociedad elige su figura de socialidad, su forma de ser social, de integrarse o fragmentarse, de producir, de distribuir y de consumir, su forma de pensar, de relacionarse, de seguir ciertos rituales y ciertas costumbres, de imponer ciertas reglas y obedecerlas o quebrantarlas, etc. Por eso Marx afirma que el hombre antes de ser un animal político, como afirma Aristóteles, es un animal social. De acuerdo con esta idea, el sujeto social crea su propia identidad de modo imperceptible, pero sistemático; la construye cotidianamente. El sujeto social elige colectivamente sus objetivos, selecciona comunitariamente los medios para conseguir sus fines, actualiza socialmente su proyecto, todo ello implica la realización de una actividad consciente, y por tanto significa el diseño de su propia identidad social, lo cual correlativamente también significa el ejercicio de su capacidad política, su posibilidad de auto-dotación de su forma social y por tanto la elección, en cuanto polis de un proyecto de reproducción social.



Bibliografía

Eric, Hobsbawm et Al. Historia del Marxismo., T. I., Ed. Bruguera, Barcelona, 1979.
Marx, Carlos, Crítica del Programa de Gotha, C. Marx, F. Engels., Obras Escogidas, T. III., Ed. Progreso de Moscú, 1973.
Marx, Carlos, El Capital,  T. I., Ed. FCE., México, 1987
Marx, Carlos., Engels, Federico., La Ideología Alemana.,  Ed. ECP., México, 1978.
Marx, Carlos y Engels, Federico, Manifiesto del Partido Comunista, en C.Marx y F. Engels, Obras Escogidas T.I., Ed. Progreso Moscú. 1973.


[1] “Aparte de lo dicho, creemos que ni hoy ni tampoco en el pasado hay un solo marxismo, sino muchos marxismos, inmersos, como se sabe, en ásperas polémicas internas en los que unos llegan a negarles a los otros el derechos de declararse tales.” Cfr. Eric, Hobsbawm et Al. Historia del Marxismo., T. I., Ed. Bruguera, Barcelona, 1979.  p. 13.
[2] Marx, Carlos, El Capital,  T. I., Ed. FCE., México, 1987. P. 424.
[3] Marx, Carlos y Engels, Federico, Manifiesto del Partido Comunista, en C.Marx y F. Engels, Obras Escogidas T.I., Ed. Progreso Moscú. 1973.
[4] Cfr. Marx, Carlos, Crítica del Programa de Gotha, C. Marx, F. Engels., Obras Escogidas, T. III., Ed. Progreso de Moscú, 1973. P. 15.
[5] Cfr. Marx, Carlos y Engels, Federico., Manifiesto del Partido Comunista, Op. Cit., p. 120.
[6] Manifiesto del Partido Comunista,  Op. Cit.,  p. 140.
[7] Marx, Carlos., Engels, Federico., La Ideología Alemana.,  Ed. ECP., México, 1978., p. 19.
[8] Marx, Carlos., El Capital, T. I., Ed. FCE. México, 1987., P. 130.
[9] La Ideología Alemana, Op. Cit., p. 19.
[10] Íbidem, p. 25.
[11] Cfr. El Capital., Op. Cit., p. 132.
[12] Íbidem.
[13] Echeverría, Bolívar., Definición de Cultura., Ed. Itaca, México, 2010. P. 21.

martes, 24 de septiembre de 2013

Walter Benjamin. Un koan apócrifo sobre tres fotografías. Sergio Raúl Arroyo

Sergio  Raúl  Arroyo.
Los  invitamos a  conocer el artículo  inédito de Sergio  Rául Arroyo.  Walter Benjamin. Un koan apócrifo sobre tres fotografías


Walter  Benjamin

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  http://www.palabradeclio.com.mx/Texto_Raul_Sergio_Arroyo.pdf